What Happened in Vegas - Fanfic Eric/Sookie

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What Happened in Vegas - Fanfic Eric/Sookie

Mensaje por Wynne el Dom 11 Sep 2011, 12:06 pm

Creo que hoy o mañana podré colgar por fin la traducción del fic. Lo capítulos son muyyyyy largos y voy a tardar una eternidad en traducirlos, pero bueno... Yo no me he terminado el fic a si que digamos que voy a estar casi como vosotras. Si empieza aburrir o algo decídmelo y buscamos otro. Wink


Última edición por Wynne el Mar 13 Sep 2011, 10:27 pm, editado 2 veces
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Re: What Happened in Vegas - Fanfic Eric/Sookie

Mensaje por Wynne el Dom 11 Sep 2011, 3:15 pm

El capítulo es bastante largo, pero creo que el final merece la pena.

Capítulo 1
Caía la tarde cuando mi avión aterrizó en Las Vegas. El cielo estaba cubierto por nubes púrpura y el sol, en aquel momento de color sangre, parecía más grande de lo normal al llegar a la línea del horizonte. La expresión apropiada, teniendo en cuenta que estaba allí haciéndole una visita a Eric Northman, mi vampiro… ¿mi qué? ¿novio? ¿amante? ¿prometido? ¿vínculo de sangre? ¿marido? Pensé en esto mientras el avión descendía a la pista. No estaba acostumbrada a volar. ¿Novio? Usando sus propias palabras, él no era un niño, tenía más de mil años. Había sido un vikingo, y eso era lo que seguía pareciendo: pelo largo rubio y ojos azules como el hielo. Y además, medía casi dos metros, pálido de piel y lo suficientemente guapo como para ser portada de novelas románticas. De hecho, había sido Mr. Enero en un calendario de vampiros que posaban desnudos, una de las principales fuentes de ingresos en el Fangtasia, bar del que era dueño en Shreveport. El calendario sigue colgado en la pared de mi casa, aunque nunca he conseguido pasar el mes de Enero. Se había ausentado durante un mes, y aquello fue mi único con suelo. ¿Novio? Tal vez no.
¿Prometido o esposo? Vale, a pesar de que él me hubiera engañado/manipulado en ambos casos durante un año. El compromiso era muy importante para la comunidad vampírica. Si Eric no me hubiera marcado como suya con el cuchillo, aunque yo no supiera lo que estaba haciendo, podrían haber interferido otras partes que pretendían aprovecharse de mi telepatía, dañándome. Al principio me había enfadado con él, pero después el tiempo le dio la razón. Según las leyes vampíricas ningún vampiro, ni si quiera el rey, podía tocarme sin consentimiento de Eric. Para él esto significaba que estábamos casados, aunque como marido fuera completamente inadecuado, me había resistido a ser su esposa, coger su apellido, dejar el trabajo y mudarme con él, y esto era realmente lo que quería.
El compromiso realmente era útil, aunque el vínculo era demasiado para mí. Habíamos intercambiado sangre más de tres veces, eso hacía que se fortaleciera y que cada uno pudiera sentir la ubicación y las emociones del otro. Era un poco complicado ya que a veces no sabía si lo que sentía era mío o suyo, al final me había acabado acostumbrando a tenerlo dentro de mí. Al menos tenía una vía de escape durante el día, que era cuando el descansaba. Realmente no quería dejar ese vínculo, y por lo que él me había dicho se sentía muy cómodo así. Éste se había ido debilitando por dos motivos: porque no habíamos renovado ese intercambio de sangre y debido al distanciamiento. Aquel último mes Eric había estado en Las Vegas junto con el rey Felipe, y la distancia no había ayudado demasiado. Las negociaciones tenían que ver con su trabajo, sheriff de la zona cinco en Louisiana. Louisiana había sido adquirida hacía poco por el rey de Nevada en una pequeña masacre, cuando la reina de Louisiana había resultado herida tras un atentado en Rhodes.
Eric había sido el único sheriff que había sobrevivido a aquella masacre, probablemente porque la supervivencia estaba en su naturaleza, no habría logado vivir mil años de no haber aprendido unos cuantos trucos. Sin embargo, había estado bajo demasiada presión últimamente gracias a Victor Madden, el agente del rey en Louisiana. Victor quería la zona de Eric, que era la más rentable de todo el estado, y había estado trabajando muy duramente para desacreditar a Eric delante del rey. Hasta ahora Eric había conseguido esquivar con éxito las maniobras, pero Victor recientemente había intentado matarme, y aunque sobreviví Eric decidió ir a ver a Felipe a Las Vegas y hacer frente al asunto de una vez por todas. Me había dicho que sería difícil poder contactar con él, esperaba tener reuniones todas las noches y que durarán toda la noche, y no podía permitirse el lujo de distraerse cuando se jugaba su zona y su vida. Aún así me había llamado un par de veces, mandado flores, enviado globos con forma de corazón y un precioso brazalete hacía un par de semanas, y todo con sus respectivas notas románticas. En este mismo momento llevaba el brazalete, mientras el avión se acercaba a las luces de la pista y tocaba finalmente el suelo. Definitivamente estábamos comprometidos y muy unidos, aunque aquello no podía definir nuestra relación.
Aquella mañana me había sorprendido con una nota en la que me pedía que fuera a Las Vegas, por supuesto incluía el billete de avión. ¿He dicho que me lo había pedido? Naturalmente, me refiero a que era una orden. Eric es el hombre más autoritario que conozco. Corpulento y responsable, ese era él, creo que yo era la única persona capaz de contradecirle. Sus subordinados y su personal le temían (algo razonable), en cambio yo era la única que le cuestionaba por el bien de su alma (siempre que estábamos juntos acabábamos discutiendo sobre los líderes religiosos). No es saludable para nadie vivir sin que te digan cuando actúas como un completo gilipollas, perdón por la expresión. Sin embargo, en este caso hacía mucho que no le veía y no tenía la intención de decirle que no, por lo que envié una entusiasmada afirmación. Llamé a mi jefe para pedirle días libres, y mientras estaba haciendo la maleta alguien llamó a la puerta, había una limosina esperando para llevarme al aeropuerto. Como de costumbre Eric había arreglado todo, hasta el último detalle, me llevaron al mostrador de facturación sin retraso y me acompañaron a la zona de primera clase en el avión.
A medida que el avión iba acercándose a la terminal yo repasé mi lista de nuevo. De la única palabra que no había dudado era amante. Nunca podría decir que no lo era. Eric era un gran amante, había tenido cientos de años para practicar, y por lo que podía comprobar no había perdido un segundo. Lo consideraba apasionado, tierno, experimentado, generoso e imaginativo, y su resistencia era envidiable. Las cosas que me había hecho en la cama (y en otros lugares) eran casi milagrosas, nada más pensar en nuestro reencuentro sentía una oleada de lujuria. Pero él no era solo un buen amante, era mi amigo, mi protector, mi compañero y mi hombro para llorar. Con él me rio, lucho y veo películas antiguas. Por lo tanto era mi amante vampiro, mi novio, mi prometido, mi marido ¿una mezcla de todo? Quizá lo más simple es decir mi vampiro, y dejarlo ahí. Desde luego él se refería a mí como su humana.
La luz del cinturón de seguridad se apagó y recogí mis cosas con cuidado antes de poner rumbo hacia la salida, siguiendo las señales que conducían a la explanada. Para mí no fue una sorpresa ver Stackhouse escrito en un papel sujetado por un hombre perfectamente uniformado. Sin embargo, como ya me habían engañado una vez, me adentré en sus pensamientos. Aunque a menudo resulta difícil leer con exactitud la mente de los humanos resulta sencillo hacerse una idea de lo que piensan. En este caso no había violencia, malicia o subterfugios (la palabra del día), por lo que me identifiqué y recibí como respuesta una sonrisa mientras recogía mi equipaje. Me llevó fuera de la terminal hacia otra limusina gris, y pronto nos encontramos viajando a través de la oscura noche saliendo de la ciudad y dirigiéndonos al desierto, hacia la residencia del rey Felipe.
Pasó casi media hora hasta que pude divisar, una vez que llegamos, un muro alto y blanco con algunas puertas de metal. El chófer frenó y tocó el claxon, una puerta más pequeña que las demás se abrió y salió un hombre uniformado que se acercó al coche. Revisó la identificación del conductor y con una linterna iluminó la parte de atrás del coche en la que estaba yo. Me sonrió amablemente y se tocó la gorra. Al igual que el chófer, era un hombre lobo, algo que comenzaba a ser normal entre los vampiros. Les gustaba usar hombres lobo como seguridad porque eran sobrenaturales, fuertes, disciplinados y estaban despiertos durante el día, una gran ventaja para seres que eran vulnerables durante las horas de sol. Por supuesto, había que recurrir a otra ayuda los días de luna llena ya que todos los hombres lobos tenían que marcharse y convertirse. Un pequeño inconveniente.
El guardia habló por radio y las enormes puertas se abrieron lentamente. El camino era de grava rodeado de luces y jardines tanto a la izquierda como a la derecha. Me quedé sorprendida por la gran cantidad que había de ver en medio del desierto, me pude hacer una idea de lo costoso que sería mantener el riego en aquella zona.
Y tras una curva allí estaba la casa. Bueno mas que casa yo diría mansión. Tan solo tenía un piso pero se extendía en ambas direcciones. Todo era de estuco blanco y se encontraba perfectamente iluminado, tenía una especie de aspecto hispánico con columnas y hermosos arcos por toda la parte delantera de la casa. El camino se ensanchaba y el coche se acercó a una fuente en la cual se detuvo, justo delante de un pórtico rodeado de pilares en el centro del edificio. El conductor se bajó del coche y lo rodeó para abrirme la puerta, yo me apresuré hacia tres escalones que había justo delante de una puerta de madera que se encontraba abierta. Apenas podía contenerme, en unos minutos vería a Eric. Comprobé el vínculo con la esperanza de poder recoger una señal de mi vikingo, pero fue sin éxito. Estaba más débil de lo que imaginaba. Sin embargo, me consolaba saber que se renovaría esa noche.
En el interior encontré un vestíbulo de azulejos negros y blancos decorado con las plantas tropicales más hermosas. Había una recepción y un hombre uniformado estaba a la espera de poder coger las maletas que el chófer había dejado. Parecía más un hotel que una casa, pero me acordé de que Felipe no era una persona normal, era rey y tenía que vivir como tal.
Miré a mi alrededor en busca de Eric, pero la única otra persona que había era un vampiro de aspecto pulcro, altura media y traje a medida que se encontraba sentado leyendo el periódico. Alzó la vista cuando entramos, dejando el periódico, y acercándose al encuentro con una amplia sonrisa. ¡Oh, genial! Victor Madden. Me podría haber imaginado que él estaría aquí, haciendo la pelota al rey e intentado pillar a Eric en un renuncio. Nos detestaba, pero sabía ocultarlo tras aquella sonrisa sincera cargada de buenos modales. Yo le odiaba por lo que le estaba intentado hacer a Eric, y él me odiaba… ¿por qué? No estoy segura, pero sospecho que es porque me considera algo útil que debería ser manejado por él o por el rey, y no por Eric. Ambos sabíamos que me había intentado matar, pero hacíamos como si no lo supiéramos.
Mi sonrisa era tan amplia como la suya, e igual de genuina, y por ello nos dimos la mano. Este gesto era poco común en los vampiros, por lo general solo asentían con la cabeza, pero Víctor siempre trataba de mostrarse acorde con las costumbres humanas. Me contuve a limpiar la mano sobre mi falda, y le pregunté dónde estaba Eric, haciendo desaparecer su sonrisa.
-Queria, desgraciadamente, el Sr. Northman ha sido detenido. Me han dicho que aún tardará un poco en venir, mientras tanto quizá quiera marcharse a su habitación. Luego podemos ver qué hacer antes de su feliz reunión.
Su sonrisa de nuevo volvió a aparecer, y aunque no me gustó no sabía qué hacer por lo que le di las gracias y me acompañó a una de las puertas que estaba en el vestíbulo, seguido del botones. La puerta se abría con tarjeta y daba a un largo pasillo que conducía a gran parte del edificio. De nuevo me dio la sensación de estar en un hotel, paredes color champán, alfombras, pinturas en las paredes. Una vez nos detuvimos el abrió una puerta que daba a una habitación decorada con el color azul y crema, ésta también tenía vistas al jardín iluminado. Se aseguró de todo estuviera en perfecto estado, me dio la tarjeta y sin perder más tiempo se marchó, no sin antes decir que volvería en media hora.
Revisé la habitación. Tenía un baño, con toalla e ¡incluso con papel higiénico! (lo vampiros a veces se olvidan de esas cosas básica, ya que ellos no las necesitaban). Rápidamente deshice la maleta y me puse un vestido negro con medias del mismo color y unos tacones de 8 centímetros. Estaba en una residencia real y no quería defraudar a Eric. También me puse un broche de color rojo, collar y pendientes, en el pelo me hice un recogido con una horquilla que conjuntaba a la perfección con el brazalete de Eric. No pude evitar una vez hube terminado mandarle un mensaje a Eric diciéndole que ya había llegado, la respuesta no se hizo de rogar mucho, me contestó “Te veo luego, ve con Víctor”. Esto me sorprendió, pues si había aprendido algo con Eric era sobre confianza en temas vampíricos así que me senté a esperar al capitán Slimeball.
No tardó demasiado Víctor en llamar a la puerta. Abrí la puerta y él estaba allí sonriendo y con un par de hombres lobo a sus espaldas. Sabía que a él no le gustaba moverse sin escolta, generalmente para aumentar su sentimiento de “persona importante” , por lo que no comenté nada.
-Srta. Stackhouse, esta noche está especialmente encantadora.
-¿De verdad? Gracias, Sr. Madden. –De vez en cuando yo también podía ser sincera y encantadora, siempre que la ocasión surgiera. -¿Ya está Eric disponible?
-Me ha pedido que la entretenga, había pensado en mostrarle el edificio, hasta que él esté libre. ¿Le gustaría?
Bueno, al menos era mejor que quedarme en la habitación contemplando la pared (los vampiros no eran muy partidarios de la televisión), le dije que no estaría mal y me guardé la tarjeta en el bolsillo. Lo primer que mostró fue la planta baja, me explicó que al igual que muchas residencias de vampiros la mayoría de habitaciones estaban bajo tierra, para poder evitar cualquier posibilidad de que diera la luz del sol. Las que se encontraban en el exterior principalmente eran para los visitantes humanos o empleados.
La mansión estaba ajetreada, muchas personas iban y venían con montones de papeles, y otras trabajaban por ordenador. Hice un comentario sobre esto y recibí respuesta.
-Ha llegado en el momento oportuno. Este es nuestro Tribunal. –Tuve que parecer desconcertada pues el continuó. – Dos veces al año su majestad tiene una corte de vampiros, todo aquel que quiera puede traer casos para juicio. A veces hay vampiros que cometen delitos que no están sujetos en la ley humana, y cuando esto sucede el caso se lleva a uno de nuestros jueces. En caso de haber apelación el mismo rey arbitra. Él es la máxima autoridad en nuestra comunidad y todos deben aceptar su decisión. También nos ocupamos de los delitos graves, las infracciones leves se tratan a nivel local, generalmente la lleva el sheriff de la zona como nuestro amigo el Sr. Northman, cuando la ofensa es demasiado seria el rey se hace cargo personalmente. Esta ha sido una sesión realmente interesante ya que hemos tenido un juicio por traición, algo inusual. El tribunal normalmente está sentado, sería interesante compararlo con un juicio humano.
-No creo que yo pueda ayudarle, Sr. Madden. Nunca he estado en un juicio humano, pero me gustaría ver el sistema en acción. –Le contesté amablemente. Él me sonrió y me guió hasta los ascensores, siempre seguido de los hombres lobo.
Bajamos cuatro pisos, y salimos a un pasillo iluminado, forrado de madera y con moqueta gris. Había un montón de puertas, y la zona estaba mucho más tranquila que la planta en la que habíamos estado, aunque todavía encontrábamos a bastante gente. Sobre todo vampiros, que no son una raza muy habladora y prefieren moverse con sigilo. Incluso Víctor hablaba en voz baja, los hombres lobo daba la sensación de que iban de puntillas. En silencio abrió una puerta que la que ponía “Corte 6”, puso su dedo en los labios y se metió. Nos encontrábamos en la entrada de una galería en la que al fondo se situaba una sala de tribunal. Tenía un aspecto muy parecido a los casos que se ven en televisión, con la diferencia que en nuestros tribunales ondeaba una gran bandera americana y aquí había un símbolo enorme de Ankh detrás de la silla de los jueces. Esta habitación también estaba forrada de madera por lo que se veía muy recargada. Esto no era un problema para los vampiros ya que al no respirar no tenían esa sensación de agobio. Estuvimos allí unos minutos, pero yo no entendía lo que estaba ocurriendo. Dos abogados discutían sobre un precedente y el juez los miraba con cara de aburrimiento. Víctor no tardó demasiado en agarrarme del brazo para que nos marchásemos silenciosamente. Cerró la puerta en silencio y luego me miró en busca de una reacción que indicara lo que estaba pensando.
-Muy interesante. – Le sonreí, y eso pareció satisfacerle.
Nos dirigimos hasta el piso tres. La gran mayoría de salas eran para conferencias y reuniones, aquel complejo era enorme. Víctor me explicó que Felipe manejaba los tres reinos desde aquí y que era como un edificio de gobierno para un pequeño país. Me asomé a través de cristales a algunas de las salas para ver si podía reconocer a Eric, pero no hubo suerte. Las habitaciones estatales y las privadas del rey se encontraban en la planta cinco, que era la última planta y la única a la que no podía ir.
El segundo piso estaba repleto de oficinas y administración, en su mayoría compuestos por abogados y administradores vampíricos y algún que otro humano llevando y haciendo fotocopias. Los accesorios y la decoración era idéntica a la que se podría encontrar en una oficina cualquiera, solo que estas se trataba de una imitación bajo tierra, debido a que no podía dar la luz del sol.
Y por último el piso uno, que estaba justo por debajo del nivel del suelo. Cuando las puertas del ascensor se abrieron llegamos a un pequeño pasillo con muchas puertas en las que se podía leer Seguridad, Armería, Entrenamiento con armas, etc. Nos detuvimos un momento en la galería de tiro y vimos a los que serían los futuros guardias con el uniforme adecuado para el manejo de armas. Los disparos eran aterradoramente precisos. Luego llegamos a una puerta de hierro en la que un guardia se encontraba vigilándola. Se llamaba Suite de custodia y antes de entrar Víctor tuvo que enseñar su acreditación. Una vez dentro había que subir una pasarela metálica y a cada lado una hilera de celdas, la habitación era gigantesca y tenía los techos altos. El suelo y las paredes de acero pero habían sido recubiertas con un cristal especial.
-Esta es nuestra zona para detenidos. A la derecha están los procesados y a la izquierda los condenados. Están aquí por una de estas cuatro razones: en espera de sentencia, apelando su condena, cumpliendo condena o han sido sentenciados pero aún no se ha ejecutado la sentencia.
-¿Ejecutado?
-No, no, no. –Se apresuró a tranquilizarme. –No ese tipo de ejecución, no somos bárbaros, Srta. Stackhouse, significa que todavía no se ha efectuado. No significa que les ejecutamos.
Miré hacia abajo para ver las dos hileras de celdas. La de los vampiros en espera de juicio parecía razonable un ataúd básico, una mesa y un par de sillas. En algunas se podían ver libros y CDs, no todas estaban ocupadas.
-Ya han acabado casi todos los juicios. –Explicó Víctor cuando se lo pregunté. –La mayoría de los casos ya han sido escuchados, por lo que los condenados han sido liberados o trasladado a la hilera de condenados. Muchas de las sentencias no privan de la libertas, normalmente son multas y ese tipo de cosas.
Víctor señaló hacia una de las celdas, un mujer (vampiro, por supuesto) estaba sentada en la mesa. La mujer no levantó la vista cuando nos pusimos sobre ella.
-El cristal es solo de una dirección. –Dijo mientras señalaba nuestro suelo. –Nosotros la podemos ver, pero ella no nos ve. Y, por supuesto, las celdas están insonorizadas. Es algo necesario contando con el buen oído de los vampiros. –Comprobó una tarjeta adjunta en la barandilla, en la cual se encontraban los datos del recluso. –Se le acusa de no haber controlado adecuadamente a su humano. Al parecer, el humano habló con un periodista sobre los lugares de descanso de unos vampiros muy importantes. Por motivos de seguridad esa información es confidencial, los afectados tuvieron que trasladarse. Llegó en el momento más desafortunado e inoportuno. Su juicio es mañana.
En la siguiente celda había un vampiro que había convertido a una mujer, se había descuidado de ella y la no la había orientado (algo primordial para un vampiro recién convertido). Había muerto a manos de un agricultor cuando éste la había encontrado drenando a su bebé.
A continuación Víctor cruzó a la otra hilera, la de los condenados. Las celdas eran muy distintas a la de los acusados, en ellas tan solo había una mesa con unos instrumentos de aspecto horripilante. Las paredes eran reflectantes y había una plataforma blanca en medio de la celda, levantada un palmo del suelo, y sobre ella se encontraban los prisioneros. Cada uno se encontraba de una manera distinta: encadenado a un poste, colgado por las muñecas en una especie de horca o con los tobillos y las muñecas encadenados a cada esquina de la plataforma. Las cadenas parecían de cuero, aunque Víctor me dijo que el interior era de plata, lo que provocaba que el prisionero estuviera débil e incapaz de moverse y al estar forrado de cuero no les dañaba la piel. Todos estaban desnudos, con la cabeza rapada (por razones de higiene, me explicó Victor) y con un gran número de contusiones y golpes. Al ser vampiros se curaban rápidamente, aunque algunos tenían heridas bastante profundas.
Había un guardia en cada celda, cuando miré a uno pude observar como miraba su reloj y cogía de la mesa un palo grueso de un metro de largo. Se acercó a su prisionero, el que estaba colgado en la horca, y le golpeó en un lugar donde no debería tocarse a no ser que fueras médico o tuvieras un anillo de bodas en el dedo. El preso no hizo ningún ruido pero comenzó a convulsionarse y abrir la boca mientras intentaba gritar. El guardia dejó el palo de nuevo en su sitio y tras rellenar un papel volvió a su posición en la puerta. Estaba horrorizada, pero cuando me giré hacia Victor no vi nada, estaba impasible.
-Cada preso tiene un programa educativo, adaptado a su delito. Algunas cosas son comunes en cualquier programa, privarles del sueño, dieta… pero hay otras cosas que son individuales. –Observó la tarjeta. – Este hombre, por ejemplo, está en el programa de rehabilitación nivel 1, la menos estricta. Al parecer, fue declarado culpable de agredir sexualmente al humano de otro vampiro, su programa incluye un golpe como el que acaba de ver cada hora, día y noche. Nuestro programa llega hasta el nivel 8, que implica atención especial. Los guardias trabajan con un calendario 24 horas, el sistema es muy exitoso, hay muy pocos reincidentes.
-¿Reincidentes? –No me sentía demasiado bien para pedirle una explicación.
-Aquellos que lo vuelven a hacer. –Explicó. –La mayoría no desea volver aquí.
Apuesto a que no quieren…
-¿Y qué ocurren a los que apelan a su condena? Pueden estar torturando a un inocente.
-Creo que no me ha entendido, Srta. Stackhouse. Se apela antes de la sentencia, no una vez condenado. No hay apelación una vez es declarado culpable. Sin embargo, algunos presos tienen la esperanza de que su estadía aquí se pueda acortar o reemplazar si su majestad lo ve conveniente.
Víctor continúo paseando por la pasarela, sin embargo, yo tenía la sensación que ya había visto suficiente. ¿Qué tipo de infierno había conseguido hacer? Hablaban de rehabilitación y programas educativos cuando lo que habían conseguido era una sala de torturas.
-Están rociados con cromo, también el cristal de una dirección. Esto tiene dos ventajas: debilita con los vínculos de sangre e incluso acaba con ellos. Muchos de los presos están vinculados con humanos. –Suspiró teatralmente. –De hecho, suele ser la causa de que estén aquí. Es decir, mucho de los delitos son provocados por un excesivo acercamiento a los humanos. Así que mientras están aquí hacemos todo lo posible por acabar con esa influencia. Además, no sería justo que algunos pudieran recibir consuelo con su vínculo y otros no, por lo tanto de esta manera hay igualdad. El segundo motivo es porque el castigo es más eficaz. –Sonrió con orgullo y yo me sentí fatal con solo pensar que los presos estaban obligados a ver su propio sufrimiento, era horrible.
-Sr. Madden, es hora de que vuelva a mi habitación. Eric quizá ya ha acabado con su reunión.
-No lo creo, querida, mandé que cuando el Sr. Northman estuviera libre me llamaran. Sin embargo, estoy segura de que lo verá antes de tiempo. ¿Recuerdas que mencioné el juicio por traición? Él está aquí por ello. –Se detuvo encima de la última celda y yo me uní a él de mala gana y miré hacia abajo.
El chico era estaba hecho una ruina. Se encontraba de rodillas en medio de su plataforma y llevaba un collar pesado, también de cuero. Cuatro barras pesadas se enganchaban al collar evitando que se pudiera incorporar o acostarse. También llevaba esposas y grilletes, se notaba que no querían la más mínima posibilidad de que se escapase. Su cabeza, ahora rapada, se inclinó y pude observar cada centímetro de su cuerpo cubierto de sangre, tenía marcas de látigo, quemaduras, cicatrices y heridas a medio curar. Todo se reflejaba un centenar en aquellas paredes con espejos. No pude evitar apartar la mirada.
Víctor suspiró.
-Ha sido condenado por un delito muy grave, me temo. Unos documentos fueron encontrados en su habitación indicando que mandaba correspondencia al rey de Mississippi, esto viola directamente el juramento para con el rey Felipe. Será sentenciado mañana por la noche, una de las virtudes de su majestad es que no toma decisiones a la ligera. Mientras tanto tiene un régimen de nivel 8, uno particularmente estricto: no ha dormido y apenas ha comido en dos semanas. Mira allí.
Su celda estaba custodiada por dos guardias, y ambos estaban cogiendo de la mesa los látigos. Los filamentos brillaban, estaban hechos de plata fina. Se pusieron detrás del preso y una vez se hubieron mirado abrieron el látigo y lo descargaron en la desnuda espalda del preso. La reacción del vampiro era aterradora. Parecía que todos los músculos y tendones de su cuerpo cobraban vida, al igual que su espalda arqueada y su cabeza echada hacia atrás, a la vez que de su boca salía un grito de agonía. Tras eso pude apreciar como sus colmillos habían sido arrancados dejando en su lugar agujeros de sangre. Sus ojos se cerraban ante el dolor, o por lo menos uno de ellos el otro tenía una cicatriz que comenzaba en la frente atravesaba el párpado, cerrado por la hinchazón, hasta llegar a la mejilla. Los guardias se reían y continuaron con los golpes mientras su cuerpo seguía doblegándose ante el dolor. Podía ver el humo que salía de su espalda cuando el látigo tocaba su espalda.
Comencé a apartarme, indignada, cuando mi broche cayó debido a que no estaba bien sujeto. Traté de agarrarlo pero se me escapó, chocando en la barandilla de la cual rebotó para finalmente caer en el cristal de la celda de abajo. Los guardias y el prisionero levantaron la vista ante el sonido. El ojo del prisionero se abrió, y aunque yo sabía que no podía ver , el prisionero apuntó su mirada hacia mí. Al instante perdí todo tipo de interés por el broche y lo dejé en la barandilla y me agarré a ella con todas mis fuerzas. Era la única cosa que había hecho que me parara y que me provocaría un desmayo luego, porque aquel ojo me miraba con toda la cara ensangrentada y magullada, y bajo un intenso azul como el hielo. Era Eric.

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Re: What Happened in Vegas - Fanfic Eric/Sookie

Mensaje por Pan forever el Dom 11 Sep 2011, 7:17 pm

Madre mía que guay,me encanta,muchas gracias por traducirlo esta genial.Quiero saber como sigue.
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Re: What Happened in Vegas - Fanfic Eric/Sookie

Mensaje por Luka73 el Mar 13 Sep 2011, 6:02 pm

Madre mía Wynne. Gracias por la traducción. Está genial.

Por favor, sigue con ello porque necesitamos urgentemente saber lo que pasa después. Very Happy

No me había ni enterado de que lo habías colgado. Tienes que volver a editar el primer post, y añadir en el título Fanfic Eric, o algo, porque me parece que muchas chicas no lo han visto tampoco.

Está muy bien, aunque la imagen de Eric torturado, no nos alegra la semana precisamente, pero bueno. Después de la tempestad siempre llega la calma.
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Re: What Happened in Vegas - Fanfic Eric/Sookie

Mensaje por Wynne el Mar 13 Sep 2011, 10:30 pm

Luka73 escribió:Madre mía Wynne. Gracias por la traducción. Está genial.

Por favor, sigue con ello porque necesitamos urgentemente saber lo que pasa después. Very Happy

No me había ni enterado de que lo habías colgado. Tienes que volver a editar el primer post, y añadir en el título Fanfic Eric, o algo, porque me parece que muchas chicas no lo han visto tampoco.

Está muy bien, aunque la imagen de Eric torturado, no nos alegra la semana precisamente, pero bueno. Después de la tempestad siempre llega la calma.

Cierto se me había olvidado poner lo del título, pero ya está arreglado, gracias. ji

El próximo capítulo espero tenerlo terminado para este domingo, a ver si me da tiempo.
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Re: What Happened in Vegas - Fanfic Eric/Sookie

Mensaje por Fangtasia87 el Miér 14 Sep 2011, 11:12 am

Yo tampoco lo habia visto, jeje cuando lo lea comento. Gracias por tomarte la molestia en traducirlo Wynne :)
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Re: What Happened in Vegas - Fanfic Eric/Sookie

Mensaje por Wynne el Jue 15 Sep 2011, 7:21 am

Capítulo 2

Lo siguiente que supe es que estaba siendo arrastrada por los dos hombres lobo de Víctor, que no habían sido lo suficientemente rápidos como para impedir que le marcara la cara con mis uñas. Tenía un bonito arañazo rojo en la mejilla, que por supuesto desapareció cuando me miró. Estaba escupiendo, pegando, maldiciendo y peleando como un gato salvaje para llegar a él, sin lugar a dudas, le habían tendido una trampa a mi amante. Por supuesto los hombres lobo me impedían llegar a él, aunque tuve la satisfacción de verle retroceder al golpearle como mi tacón haciéndole así un nuevo ombligo. Entonces, tan rápido como había llegado se marchó aquella ola de rabia homicida, dejando en su lugar deseos de venganza combinados con la determinación indiscutible para destruir al cabrón petulante aunque fuera lo último hiciera.
Dejé de luchar y me detuve, jadeando y temblando. Me quedé mirando sin pestañear la cara de Víctor, quería grabar su imagen en mi mente parar guardarla en mi blog de notas de personas a las que mandar al infierno.

-Srta. Stackhouse, ¿podría ser razonable? Me doy cuenta del duro golpe que ha recibido pero tenemos mucho sobre lo que discutir.
-Muy bien Sr. Madden. ¿De qué quiere que hablemos? –le contesté con calma y con la mayor frialdad que salió de mi interior.
-Bueno… -hizo un gesto hacia la celda iluminada donde los guardias estaban dejando los látigos manchados de sangre y la cabeza de Eric había caído de nuevo hacia delante. Por supuesto, él sabía lo que ocurría en aquella pasarela de acero. –Me gustaría ayudar a solucionar esta lamentable situación, si me es posible.

Situación lamentable ¡ja! Un centenar de respuestas sarcásticas y poco educadas salieron de mi boca. La situación era demasiado seria como para dedicarle comentarios inteligentes; todas mis neuronas y facultades estaban centradas en poder liberar a Eric.

-En primer lugar, me voy. No puedo hablar de negocios aquí. –Miré a los hombres lobo que aún continuaban agarrándome de los codos. -¿Te importa? –Dije con frialdad. Miraron a Victor, y una vez hubo asentido, me soltaron. Me arreglé la ropa e intenté arreglarme el pelo, luego miré a uno. –Mi broche, por favor. –Le hablé tan autoritariamente que saltó la barandilla y cogió el broche rojo que se encontraba en el cristal de encima de la celda. Una vez lo hubo alcanzado regresó y me lo dio. Lo cogí, le dije una palabra de agradecimiento y lo volví a colocar en mi chaqueta. Mientras intentaba poner el broche agaché la cabeza y en vez de observar lo que estaba haciendo buscaba a Eric en su celda. De repente me puse rígida. ¡Oh, no! Un guardia se puso detrás de él obligándole a que levantara la cabeza mientras el otro le bajaba la cremallera de los pantalones, con una sonrisa sádica. No quería saber lo que le iban a hacer, rápidamente me giré para enfrentar a Víctor de nuevo, por su expresión deduje que no tenía ni idea de lo que iba a pasar. Bien, quería sorprenderle.

-Bueno, voy a salir de este lugar. –Me di la vuelta y comencé a dar zancadas, pretendía que pareciera un taconeo autoritario, hasta que llegué a la salida. Víctor y sus secuaces me siguieron hasta la puerta y la aporreó para que abrieran. Una vez fuera volví a mirar hacia la sala, y antes de llegar al ascensor, dije. –Estaré en mi habitación, puede venir dentro de media hora.

Se apresuró para alcanzarme y tomar de nuevo la iniciativa.

-Srta. Stackhouse, debo decirle que este asunto es muy serio y de que debería pensar antes de… -Su voz de desvaneció cuando me giré hacia él.
-Sr. Madden, no me haga perder el tiempo. Sé perfectamente que le ha hecho esto a Eric para así poder influenciarme. ¿Tiene algo que proponerme? Le repito que le espero en mi habitación en media hora. –La puerta del ascensor se abrió y entré en él. Intentó seguirme en el ascensor, pero le interrumpí el paso. –Está ocupado. –Le gruñí y el dio un paso hacia atrás. La puerta se cerró y yo me dirigí hasta la planta que se encontraba al nivel del suelo.

Conseguí mantenerme de una pieza hasta que llegué a mi habitación, en cuanto entré, cerré la puerta y me eché sobre la cama, por fin dejaba mis lágrimas salir. Mi cabeza se llenaba de imágenes de Eric de rodillas, encadenado, herido, sucio y a merced de los guardias. Y aunque fuera extraño lo que más me dolía era pensar en su cabeza rapada. Su melena rubia formaba una parte tan importante de él que sin ella prácticamente dejaba de ser Eric. No me extraña que no le hubiera reconocido antes.

Cuando terminé de llorar pude reconocer a la nueva Sookie, era fría, y podía escuchar lo que me decía “tienes diez minutos para acabar, cuando le recibas tienes que estar lista”. En el cuarto de baño pude encontrar algunas cosas para limpiarme la cara, más tarde me senté en el taburete y me observé en el espejo. El primer paso era arreglar mi maquillaje, no iba a permitir que aquel hijo de puta se diera cuenta de que había llorado. Me eché rímel y delineador de ojos, me puse base, colorete y brillo en los labios, y volvía repasar mis ojos. Podía oír la voz de Eric riéndose por mi maquillaje de guerra. La mano me temblaba pero tenía que mantener el control. ¡Sin sentimientos! ¡Sin llantos! Y por encima de todo ¡Sin autocompasión! Esta vez no me jugaba mi vida, si no la de Eric. Tenía que hacer todo lo posible para salvarlo. Tenía la imagen de él en la celda, desnudo sufriendo los latigazos, si pensaba en aquello me vendría abajo y no serviría para nada.

Mientras estaba sentada en el taburete comencé a recoger todo lo que había utilizado para maquillarme. Y pensé en mi abuela, siempre decía que cualquier mujer es lo suficientemente fuerte para cumplir con su deber. Y con ese pensamiento mi alma consiguió un poquito más de valor y determinación, fuerza y astucia ya tenía, lo único que tenía que hacer era unirlo todo. Era duro. En diez minutos formulé mi estrategia, en quince repasé las llamadas del móvil y en veinte abría la puerta para hacer pasar a Victor Madden.

Cuando él llamó lo único que pude decir fue “adelante”, con la misma indiferencia con la que lo decía mi profesor de secundaria. Realmente, fue lo más ofensivo que se me ocurrió. Y antes de entrar yo salté.
-Puede dejar afuera a Laurel y a Hardy. –señalé a los hombres lobo.
Al principio tuvo dudas pero después entró solo, cerró la puerta y buscó un sitio para sentarse, yo estaba sentada en la única silla de la habitación. Había dejado el resto de sillas en el baño, por lo que estuvo en la obligación de pararse frente a mí. Lo inspeccioné en silencio unos diez segundos.
-¿Y bien?
Le cedí la palabra intentado dejarle bien claro cuál era su lugar.

-Srta. Stackhouse, le aseguro que yo estoy tan preocupado por este asunto como usted. –Y le interrumpí con un gesto.
-En primer lugar, diríjase a mí por mi nombre de casada y en segundo lugar me da lo mismo la preocupación que usted pueda sentir. Al grano.

Le había confundido, seguramente habría pensado que se iba a encontrar a una humana fácil de intimidar. No conocía a las mujeres Stackhouse. Bajó la cabeza y me miró, con esa mirada tan de vampiro, tenía la intención de que me intimidara pero lo que no sabía es que no era el primer vampiro que lo intentaba conmigo, por lo que le sostuve la mirada. Hizo un pequeña pausa, ordenó sus ideas y comenzó otra vez.

-Se habrá dado cuenta lo delicada que es la situación del Sr. Northman, Srta. Stackhouse… -me levantó una ceja. –Perdone. Sra. Northman. Como le he dicho su… marido ha sido acusado de traición y será sentenciado mañana. La pena, sin duda, será la muerte definitiva. –Terminó haciendo hincapié en las dos últimas palabras esperando una reacción por mi parte. Había desconectado mi corazón, algo que él no sabía. Mi cerebro, en cambio, funcionaba a la velocidad de un Ferrari y en eso en lo que confiaba.

-Sin embargo, su majestad estará abierto a liberarlo de la muerte definitiva si se dan determinadas circunstancias. –Hizo una pausa expectante pero continuó en silencio. Tosió algo nervioso y continuó. –Todos conocemos sus capacidades telepáticas, y ya sabrá lo útil que puede resultar esa habilidad para el rey. Si está de acuerdo en poner sus habilidades a disposición del rey, estoy seguro de que podré persuadirlo para que sea indulgente en el caso del Sr. Northman.

De nuevo esperé diez segundos para responder.
-Tengo un compromiso con el Sr. Northman, debe pedírselo a él. –Me dirigió una mirada astuta, se esperaba una respuesta parecida.
-¡Ah! Pero el compromiso no tiene nada que ver. –Maldita sea, no lo sabía. Levanté una ceja y le invité a continuar.
-¿El Sr. Northman no le mencionó nada? Muy comprensible, estoy seguro. –Su tono de voz ahora era sedoso. En aquella ocasión no le respondí, el silencio estaba resultando mi mejor arma. Un truco de Eric. Me había explicado que para algunas personas el silencio les resultaba incómodo y sentían la necesidad de llenarlos hablando. Víctor era uno de ellos. Eric decía que así, normalmente, las cosas se ponían a tu favor, por lo que esperé y Victor me dio la información sin tener que pedírsela.
-El compromiso pude disolverse con el consentimiento de ambas partes. Si el Sr. Northman está de acuerdo entonces quedará disuelto y usted podrá elegir un trabajo sin tener que consultarlo con él. Le estoy ofreciendo una salida muy atractiva, Sra. Northman, con una gran cantidad de beneficios. No se arrepentirá.

¿Le podía creer? En un minuto había pasado de hablar de ejecución a hablar de salud y beneficios.

-¿Qué pasa si me niego a anular el compromiso?
-Entonces, lamentablemente, la justicia seguiría su curso y la puesta de sol de mañana será la última para el Sr. Northman. En sentido figurado, por supuesto. De hecho, el Sr. Northman vivirá muchos días antes de morir, y créame que deseará morir. Su majestad es el que se encarga de idear las distintas muertes, tiene mucha imaginación. Si no me equivoco tuvos honores en la Inquisición española. Y por supuesto, como esposa de un traidor, tendrá que presenciar la ejecución. Completa. Si no recuerdo mal la última víctima del rey sobrevivió seis meses. –Su tono era desagradable y grosero, estuve a punto de estremecerme, pero volví a recordar que tenía que dejar los sentimientos a un lado. No permitiría que viera mi debilidad.
-Y si acepto trabajar con el rey ¿qué ocurrirá con mi marido?
-Será desterrado.
-¿De Louisiana?
-De Estados Unidos. Podrá vivir en cualquier otro sitio que no sea EE.UU. Su majestad incluso le proporcionará un billete de avión a donde él quiera. Por supuesto, tendrá prohibido cualquier tipo de contacto con amigos, socios, empleados, compañeros, conocidos, e incluso con su progenie, bajo pena de muerte tanto para él como para los involucrados.

Nunca le volvería a ver de nuevo. Viviría, pero sin mí. No pienses en ello, Sookie.

-¿Qué ocurrirá con el área cinco?
-Su majestad nombrará a un nuevo sheriff. –Me podía imaginar a quien nombraría.
-¿Y con el Fangtasia y sus otros negocios?
-Todas las propiedades del Sr. Northman pasarían al rey, dispondría de ellas como quisiera.
-Todo esto se incluirá en la sentencia del rey mañana por la noche? –Mi mente trabajaba con rapidez.
-Sin lugar a dudas.
-Vale, ¿tiene algo más que decirme?
-Me gustaría saber qué responde señorita… Sra. Northman.
-En primer lugar, antes de considerar su propuesta hay algunas cosas que quiero. –Alzó una ceja. Había creído que me tenía entre la espada y la pared. Ya veríamos…
-¿Por ejemplo?
-Comida, por ejemplo. Me muero de hambre. Tendrán comida para humanos ¿no?

Víctor se sorprendió ante mi cambio de tema. Estaba preparado para cualquier salida, pero no para una necesidad “tan humana”. Otra cosa para agradecerle a Eric. Mi amante era experto en artes marciales, y me había explicado que había que aprovechar el impulso del oponente en su contra hacia a aquella dirección en la que pareciera más débil. Para él estoy se podía aplicar tanto en negocios como en peleas cuerpo a cuerpo, y llevaba razón.

-Creo que sí. –Parpadeó Victor.
-¿Qué tenéis? –Continué con el tema.
-No lo sé.
-Entonces, averígüelo. No puedo tomar decisiones con el estómago vacío. ¿Hay algún menú? ¿Qué hacen sus empleados humanos? ¿Hay cocina? ¿Comedor? ¿A qué hora cierran? ¿Algún self-service? ¿Y qué pasa con el café? Necesito cafeína. –Lo estaba acosando con preguntas, a simple vista, triviales para mantenerlo distraído y así no darle oportunidad de distraerse y pensar. Y entonces cambié de tema.
-En segundo lugar, quiero que me den total libertad para moverme en este lugar. Puede decirles a los hombres lobo que me acompañen si quiere, pero no le voy a tolerar que se me prive de libertad mientras considero su oferta. En tercer lugar, mi abogado se encuentra en el edificio y en breve estará conmigo. –Aquello le sorprendió. –Espero que me dejen algún lugar en el que poder reunirme con él. En cuarto lugar, quiero visitar a Eric. Sola, esta noche, sin vigilancia. Y en quinto lugar, el “régimen” se detiene inmediatamente, y no es negociable. Si no puede cumplir todo esto ni si quiera consideraré su propuesta, y se puede ir cuando quiera. –Le miré fijamente a los ojos. Le estaba viendo como se acordaba del rey, pequeño bastardo. Si no estaba de acuerdo tendría que renunciar a las primeras y podría demostrar su satisfacción de aquí a la luna.

Se quedó boquiabierto ante mis palabras y tuvo que tomarse unos momentos para aclarar las ideas. Su voz pasó a un tono amenazante y me mostró sus colmillos.
-Sra. Northman, creo que no se ha dado cuenta de que no está en situación de exigir.
Mi voz también pasó a ser amenazante para igualarla a la de él.
-Sr. Madden, creo que no se ha dado cuenta de que si ejecutan a mi marido acabaría tan dolorida y que lamentablemente mi telepatía no sería fiable, y por tanto, sin utilidad para el rey.
-¿Qué? –Le había sorprendido.
-¡Oh, sí! –sonreí. –Ya me ha ocurrido. Cuando mi abuela fue asesinada estuve unos meses sin estar muy segura sobre mi telepatía. Nueve de cada diez serían fiables pero claro, no sabría en cual he fallado y algunos errores podrían salir muy caros… -No había duda sobre lo que le quería decir. Podía presionar al rey. Si no podía confiar en mi telepatía le sería inútil. Había presionado un poco… -Eso sin contar que cuando me recuperara no sería capaz de permanecer en Louisiana, demasiados recuerdos, tendría que mudarme a, por ejemplo, ¿Mississippi? Tengo conocidos allí, y estoy segura de que no tendría problemas para encontrar trabajo. –Víctor sabía que me refería a Russell Edgington, el rey “rival”. También era consciente de que si Russell utilizaba mis servicios Felipe nunca le perdonaría. Tragó saliva.
-Ah… -No sabía muy bien qué decir. Esperaba que me diera cualquier excusa y saliera, y así tener una oportunidad de pensar. –Tendré que consultarlo con… Voy a pedir comida para que se la traigan. –Buscó a tientas la manivela de la puerta y sonreí dulcemente.
-Muchas gracias, Sr. Madden. –Cuando se marchó me sonrisa desapareció.

Miré la hora. El Sr. Cataliades, el abogado demonio, había abierto recientemente una oficina en Las Vegas, y cuando le había llamado antes había tenido suerte. Me habían dicho que ya se encontraba en el palacio, se encontraba en un juicio (obviamente, ¿en qué otro sitio se encontraría el mejor abogado sobrenatural de este país?). Me dio su número de móvil y estuvo encantado de saber de mí, me prometió estar allí conmigo en el momento en el que empezara el caso. Fue un gran alivio. Había oído hablar de Eric, pero la confidencialidad vampírica era la más estricta de todos, y no había podido llamarme. Ahora que yo le había llamado y que se había comprometido a llevar el caso de Eric y el mío era distinto.

Decidí tantear el terreno para prevenir, por lo que me presenté en recepción y me senté en uno de los bancos que estaban dispersos entre las plantas. Cogí un periódico e intenté echarle un vistazo pero no lograba concentrarme, estaba más centrada en el joven de recepción. Su mente estaba abierta y contenía información interesante. No tardé mucho tiempo en darme cuenta de que odiaba el trabajo, aunque lo tenía que hacer, debía de pagar la matrícula de la universidad. Odiaba la forma en que lo trataban los vampiros y los hombres lobo, no era muy mayor y no estaba seguro de sí mismo (como la mayoría de chicos jóvenes), lo único que quería era ser tratado como una persona. Solamente quería que le vieran y en eso yo podía ayudar.

Me acerqué a su mesa y utilicé mi encanto sureño. Revisé su identificación y comencé.
-Hola, Paul. ¿Qué estás haciendo? ¡Qué noche más cálida! ¿No?
-Buenas noches, señora. –tartamudeó un poco. -¿Puedo ayudarla?
-¿Me puedes decir dónde conseguir comida aquí, por favor?
-Por supuesto, señora. Hay un comedor por aquel pasillo. –Me lo señaló y le sonreí como agradecimiento.
-¿Llevas mucho tiempo trabajando aquí, Paul? –Le mantuve la mirada, intenté parecer lo más interesada y agradable que pude. Sentía pena por él. Estaba solo y yo lo sabía. Estaba escuchando sus respuestas vacilantes, y me sonrió, poco a poco comenzó a tranquilizarse y volvió a sonreír. No percibí nada sexual en él, estaba contento de poder hablar con alguien.

Después de un rato miré el reloj.
-Paul, ¿podrías hacerme un favor? ¿Conoces a Victor Madden?
-Sé quién es. –Dijo con cautela.
-¿Ha estado aquí en recepción hace poco?
-Sí, señora. Se fue hacia el comedor.
-Vale, el volverá dentro de un rato. Cuando lo veas, ¿podrías esperar cinco minutos y después llamarme a la habitación G27, por favor? ¿Cuando responda me podrías decir: Sra., Northman, su taxi está aquí?
-¿Taxi? –Parecía confundido.
Sonreí con complicidad y me incliné para susurrar.
-No sé tú, Paul, pero estoy harta de que estos vampiros me pisoteen, me gustaría poner en su lugar a Victor Madden. Ha estado jugando conmigo toda la noche, y quiero que se sienta como yo, quiero enseñarle a cómo tratar a la gente. ¿Me vas a ayudar, por favor?
Su expresión cambió. –Por supuesto. Esperaré cinco minutos en cuanto lo vea, y después la llamo a la G27 y le digo que su taxi está aquí. ¿Sólo eso?
-Sí. Perfecto. Gracias, Paul, eres un chico muy simpático.
-De nada, señora.
-Llámame Sookie. Hablamos después. –Sonreí de nuevo y me dirigí hacia mi habitación.

Primero, vuelvo a hacer mis maletas. Tenía que volver a la realidad. Entonces empecé a pensar en algunas cosas que me había dicho Victor, mientras hacía una lista de preguntas para el Sr. Cataliades y la escribía en una libreta en la mesita de noche. No me gustaba la idea de disolver mi compromiso con Eric, pero no había otra opción, era la única manera de no ser utilizada por otro vampiro, en especial Victor. Tenía una buena idea cuando él intentara formar un vínculo de sangre conmigo haría cualquier cosa para evitar esa unión incluso arrastrarme. No sabía si podía llegar a tener otra unión al nivel que había llegado con Eric. Aunque ahora fuera muy débil ¿por qué tenía que ser anulado? Apunte eso en mi libreta. Esperaba que la comida no tardara demasiado, no le había mentido a Victor cuando le había dicho que tenía hambre.

Diez minutos más tarde estaba de vuelta. Había un joven hombre lobo a su espalda que llevaba una bandeja de bocadillos y ¡aleluya! una taza de café. Se presentó y dijo que era Ramon, el sería mi guardaespaldas mientras estuviera allí. Sonreí amablemente a Ramon, era de mediana estatura, delgado y fuerte, le di las gracias por los bocadillos y le ofrecí uno. Le necesitaba de mi parte. Me dijo que no pero al menos fue educado. Un punto a su favor. Rápidamente se situó afuera en la puerta, mientras yo hablaba con Madden. O más bien mientras yo le permitía hablar a Madden.

Para empezar me entregó una tarjeta de acceso.
-Con ella podrás acceder a todas las áreas, a excepción de la quinta planta. También le he dejado una sala para que se reúna con su abogado, es la nº 14 en la tercera planta. –Su expresión cambió y yo me di cuenta que lo bueno se había acabado. –Lamentablemente, no podrá ver a su marido si el rey no da su permiso. Hay ocho presos a los que no se les permite visitas. Y como ha sido detenido por un asunto real solo su majestad puede hacer una modificación en su régimen. Lo siento, pero en este asunto tengo las manos atadas.

¿Qué lo sentía? Y una mierda. Había esperado que me llamara mentirosa. Desgraciadamente para él lo que le había dicho no había sido un farol. En ese momento, el teléfono de la habitación sonó y respondí.
-¿Diga?
-La llamo de recepción, Sra. Northman, su taxi está aquí.
-Gracias. Ahora salgo.
Colgué el teléfono y me giré hacia Victor, que sabía a la perfección que había escuchado cada palabra. En cuanto a la cara que puso estuve a punto de sentir pena por él. Pero solo a punto.

-Le ruego que me disculpe Sr. Madden. Tengo que acabar mi equipaje. –Repasé la habitación en busca de algo olvidado.
-No me puede dejar… -Eché un último vistazo y le miré.
-¡Oh! ¿No puedo? Creo que mi abogado dice que puedo. ¿Alguna vez ha tenido negocios con el Sr. Cataliades, Sr. Madden? –La expresión de su rostro me lo afirmó. Eché un vistazo al reloj. –Llamará a la puerta dentro de tres minutos, y no creo que él se tome muy bien eso de que no puedo marcharme cuando quiera. A eso se le llama secuestro. Y ahora, se lo vuelvo a repetir, hablaré con usted si me da lo que quiero. Si no puede no tenemos nada más que discutir, no dé un portazo al salir de la habitación. –Me alejé de él.
-No… no puedo interrumpir a su majestad en este momento. Él tiene una audiencia con personas muy importantes.
-Pensé que era una persona muy importante, Sr. Madden. Como lugarteniente del rey, podrá hablar con él en todo momento ¿no? –Conocía aquellas conferencias vampíricas sobre jerarquía y política gracias a Eric. En ese momento yo las había encontrado muy aburridas pero al final me había resultado útil. De nuevo tendría que agradecérselo.
-Bueno, sí…
-Entonces podrá entrar. El taxi me espera, y en cuanto llegué mi abogado me iré, a no ser que vea algo de interés en cumplir mis requisitos. De lo contrario: adiós Louisiana y hola Mississippi… ¿Le ha quedado claro? –Estaba a punto de conseguirlo, no iba a arrepentirme. Él vaciló y yo de nuevo miré mi reloj. Tenía que elegir, se acercó a la puerta y giró la manivela.
-Veré lo que puedo hacer…
-Hazlo. – Le di la espalda, ya le había dicho todo lo que tenía que decirle y aquella fue mi despedida. Realmente era patético. Siempre había usado a otras personas para que hicieran el trabajo sucio por él, y ahora parecía incapaz de hacer algo personalmente. Estoy casi segura que cuando era pequeño en el colegio se juntaba siempre con los más mayores, les contaba mentiras y les hacía la pelota, para que poco a poco le tomaran en serio sin haber hecho nada.

La puerta se cerró tras él, miré a mi alrededor, estaba sola. Tuve que contar hasta treinta para soltar un suspiro de alivio. No quería que aquel suspiro estuviera al alcance de sus oídos, tenía que admitir que había estado a punto de derrumbarme. Aquella había sido mi primera prueba real de fuerza, y había aprobado. Estaba casi segura que dentro de poco tiempo llamaría de nuevo a la puerta con todo lo que le había pedido.

Me comí algunos bocadillos mientras esperaba al Sr. Cataliades, y me serví una taza de café, solo y dulce. Tenía la sensación de que lo necesitaría para lo que iba a pasar aquella noche.
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Re: What Happened in Vegas - Fanfic Eric/Sookie

Mensaje por Pam el Jue 15 Sep 2011, 7:58 am

Hoy me he leído el de Luka, así que en estos días me leeré este =) es bastante largo aunque mejor, mas para entretenernos ji
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Re: What Happened in Vegas - Fanfic Eric/Sookie

Mensaje por Fangtasia87 el Jue 15 Sep 2011, 10:22 am

Uf, es muy largo, a mi es que me cuesta mucho leer (cualquier tipo de libro). El de luka y los tuyos se me hacen mas amenos Pam.
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Re: What Happened in Vegas - Fanfic Eric/Sookie

Mensaje por buttercup el Dom 18 Sep 2011, 1:29 pm

A mi me encanta,please,colgar el siguiente que esto se ha puesto emocionante.
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Re: What Happened in Vegas - Fanfic Eric/Sookie

Mensaje por Wynne el Dom 18 Sep 2011, 3:18 pm

Al final he podido colgar dos capítulos esta semana... Sé que los capítulos son largos, pero la verdad es que la historia está genial.

Capítulo 3

Eric POV

A medida que me iba arrodillando delante del rey me maldecía a cada dios que conocía por haber sido tan estúpido como para caer en la trampa de Victor. Siempre había estado orgulloso de mi astucia, y ¡había caído en una trampa absurda! Cuando instruía a luchadores jóvenes les decía “mirad la mano que tenga el arma pero estad atento de aquella mano que no veis, nunca se sabe lo que oculta”. Había esquivado las que yo pensaba que eran mejores estrategias de Victor y me había olvidado de mi propio consejo, no había sabido ver algo tan simple. Mi arrogancia iba a costarme todo lo que tenía. Rabia y desesperación invadían mi cuerpo pero me obligué a contenerlas. Tenía que mantener mis emociones bajo control, y lo sabía a la perfección. Si Sookie las sentía a través del vínculo vendría corriendo, y le costaría la vida. Tenía todas las de perder en aquel momento, no había ninguna manera de que el rey Felipe no pronunciara la sentencia de muerte definitiva.

Agaché la cabeza y esperé a las palabras que sellarían mi destino. Sería una muerte dura, pero daría la cara como un vikingo.

-Eric Northman, es culpable de traición a la patria. –Culpable. No me quedaba esperanza. No se podía apelar a la decisión del rey. Esperé mi destino, pero el rey se detuvo. Eché un vistazo hacia arriba, Victor le estaba murmurando algo. El rey asintió con la cabeza y continuó. –Me han recordado que, como la acusación es tan grave, me debo tomar mi tiempo para decidir cuál será la sentencia. Pensaré sobre el castigo adecuado durante dos semanas. Se encontrará bajo custodia hasta el día 24, día en el que dictaré la sentencia, estará en régimen 6. –Una vez más se calló mientras escuchaba a Victor. –Régimen 8, guardias trasladen al prisionero.

¿Régimen 8? Qué significaría eso, los guardias me arrastraron por los pies. Nada bueno, seguro.

No levanté la vista hasta que no salí de la sala. No quería ver la mirada de triunfo de Victor Madden, mi enemigo, (y la del rey, aunque tan solo lo había visto una vez). Habría tratado desesperadamente convencer al rey Felipe de que aquellos documentos que habían aparecido en mi habitación lo había puesto Madden. Y que él había sido el que había mantenido correspondencia con el rey rival, pero yo solo tenía mi palabra y Victor había conseguido testigos que testificaran en mi contra. Él llevaba trabajando con el rey un siglo, y yo era nuevo en el poder de Nevada, ya que no hacía mucho habían tomado el estado de Louisiana y matado a mi reina. Felipe no tenía motivos para confiar en mí.

Deseaba desesperadamente que las mentes de los humanos, a los que Victor había sobornado, se leyeran, así poder conocerse la verdad, pero no podía ponerla en peligro. Prefería ver el sol que llevarla con el equipo de Madden y sus secuaces. Sabía que una vez que entrara a la sede de Felipe no saldría, era demasiado valiosa. Sería drenada o esclavizada, y yo no soportaría aquello. Me traté de convence que mi muerte era lo mejor para ella, esto acabaría con el vínculo que tenía en la comunidad vampírica. Me echaría de menos un tiempo, pero el corazón humano es resistente. Se recuperaría. Y en cuanto a mí, yo no tendría demasiado tiempo para pensar en aquello.

Mientras yo estaba ocupado con mis pensamientos me sacaron de la sala de audiencias, y me llevaron a lo largo de largos pasillos y escaleras, hasta que llegamos a una puerta grande de metal. Ésta fue abierta por un guardia, di un paso y me encontré metido en una sala de altos techos y con dos hileras de celdas. Había una pasarela por encima, desde donde se podían ver las celdas. Reconocí el lugar, ya había estado aquí, pero en prisión preventiva, para los procesados. Ahora me trasladarían a las celdas de los condenados.

Había un hombre lobo sentado en un escritorio al lado de las escaleras que conducían a la pasarela. Me echó un vistazo y hablo con los guardias.
-¿Sí? –Su voz sonaba aburrida.
-Northman, Eric, está a la espera de sentencia por traición. Tiene régimen ocho. –El hombre lobo alzó las cejas. No estaba muy segura sobre si reaccionaba a la traición o al régimen ocho. No había duda de que lo sabría pronto.
Empujó una bandeja de plástico encima de la mesa. –Vaciad los bolsillos.

Y eso hice. No tenía gran cosa. Una cartera Gucci, tarjeta de crédito, una pluma estilográfica Mont Blanc, mi móvil y un pañuelo. Escribió el inventario y después señaló mi muñeca. –El reloj. –Añadí mi Rolex a la bandeja y lo escribió en su lista, comprobó una tabla. –Móvil dieciocho. –Apretó un botón del intercomunicador. – Jesse, Mike, levantaros. Régimen ocho. –Otra vez allí. El guardia se levantó del escritorio y cogió una llave de detrás de él. Se dirigió hacia la primera celda de la fila y abrió la puerta hacia adentro.

La celda era similar a las celdas en las que ya había estado antes (y a lo largo de mi vida no eran pocas), excepto en una cosa. Tenía más o menos 6 metros cuadrados, y solo contenía una mesa y una plataforma, que ocupaba gran parte del espacio. La plataforma tendría medio metro de alto y casi tres metros cuadrados, estaba hecha de azulejos blancos. Y sabía el porqué, eran fáciles de limpiar. Miré a mi alrededor, por supuesto, había un pequeño desagüe en una esquina. Les sería mucho más sencillo limpiar la sangra y la suciedad cuando acabaran conmigo. No había ningún ataúd, tampoco esperaba que me dejaran dormir demasiado. La peculiaridad de esta sala es que estaba repleta de espejos que me devolvían mi imagen.

Los guardias me hicieron un gesto para que entrara. Cuando crucé el marco de la puerta, me quedé boquiabierto y no sentí una extraña sensación. El vínculo, había desaparecido. No significaba que estuviera muerta, no sentía dolor, simplemente ya no estaba. Nunca había sentido nada igual y me giré hacia los guardias, perplejo.

Asintieron y sonrieron. -¿Lo has sentido ya? La celda está cubierta con cromo. Altera los vínculos. No merece nada bueno, ¡maldito traidor! –Entonces lo comprendí, había oído hablar de aquellas celdas antes. En aquel lugar ni Pam ni Sookie podrían sentirme, ni yo a ellas. Teniendo en cuenta lo que me iba a ocurrir aquello era bueno, me hubiera gustado estar con ella en aquel momento. Sosteniéndola en mis brazos, inhalando cada partícula de su pelo, y sintiendo su calor y su vitalidad contra mi cuerpo frío. Volví de nuevo al presente y la realidad me afectó. Dos guardias enormes habían llegado, probablemente Jesse y Mike. Llevaban unas cajas grandes en las que se podía leer “régimen 8”, cuando les miré me di cuenta de la expresión de sus rostros. Era la manera en la que un depredador miraba a su presa, eso no presagiaba nada bueno.

Se acercaron a la celda y di un paso para permitirles pasar. El guardia que era vampiro también entró, cerraron la puerta y el hombre lobo echó la llave. Los que se encontraban dentro no tenían llave, ya había comprobado cómo de buena era la seguridad.

Los dos hombres lobos dejaron sus cajas encima de la mesa y se volvieron hacia mí. –Quítate la ropa.

Alcé una ceja y comencé a quitarme la ropa. Le fui entregando cada prenda e hice una mueca cuando observé que lo iba metiendo todo en una bolsa de plástico. Era Armani, y lo estaba tratando como si se tratará de una tienda de segunda mano. Me quedé parado una vez estuve sólo en bóxers azul. –Quítatelos también. –Me encogí de hombros y me los quité. Estar desnudo no me daba vergüenza, había sido un vikingo y me sentía más cómodo desnudo que vestido. Muchas veces había luchado como una fiera vestido solo con furia y sangre de mis enemigos.

Me miró de reojo brevemente, se trataba de un gesto que tenía la intención de humillarme y avergonzarme de mi desnudez, sonreí ligeramente. Luego, su mirada se fijó en la cadena de oro de mi cuello.
-Quítate eso.
Negué con la cabeza y hablé por primera vez.
-Esto se queda conmigo.
Puse una mano encima de la cadena protectoramente. Sólo llevaba dos semanas con ella pero era una de mis posesiones más preciadas. Sabía que iba a estar lejos de Sookie por lo que había cogido una foto suya y la había puesto donde nunca se alejara de mí. Cada atardecer y nada más levantarme lo primer que hacía era besarla y cada anochecer se quedaba reposando en mi corazón cuando me iba a acostar.

El hombre lobo sonrió y miró a los dos vampiros que había detrás de mí. Antes de que me hubiera dado tiempo moverme me cogieron de los brazos y me los pusieron en la espalda, haciendo que el medallón quedara libre. Luché, gruñendo, pero no pude derrotar a los dos. El hombre lobo dio un paso hacia delante y de un tirón me arrebató el colgante. Luego estudió el medallón y me miró. Había dejado de luchar, pero mis captores aún continuaban sujetándome de los brazos. Abrió el colgante y miró la foto de mi amante. Silbó con interés y yo bufé de frustración mientras sacaba los colmillos. Odié en aquel momento los pensamientos que tenía mi captor sobre ella, le podía ver aquella mirada lasciva.

Más tardé mi rabia aumentó cuando lo escuché.
-¡Eh, Mike! Mira a esta chica. ¿Qué hace un bombón como este con un vampiro? ¿Qué crees que le pasa, no encontró a un hombre de verdad? Debe de ser una de esas putas colmilleras, a las que les gusta follar con cadáveres, hay que probar primero con la carne caliente para cambiar. –E hizo un movimiento de ingle provocativo. Si antes de lanzarme a atacar me hubiera detenido a penar me hubiera dado cuenta de la imprudencia. Me dio un subidón de adrenalina, y con un gran esfuerzo conseguí soltarme de los vampiros para lanzarme a su garganta. Sentí cuando mi cuerpo impacto contra el suyo y seguidamente le hinqué los colmillos. Estaba tan centrado en matarlo que apenas podía sentir los golpes que me estaban dando, le estaba atacando y podía sentir el flujo de sangre en mi boca. Bebí intensamente y pude sentir como su fuerza iba disminuyendo y la mía aumentaba

Grité en señal de triunfo, y me alegré de haber vengado el honor de mi amante. Entonces sentí unas manos escarbando en mi cuello, algo atado alrededor de mi garganta y de pronto me comencé a debilitar, mis fuerzas se estaban minando. Sabía lo que significaba aquella sensación. ¡Plata!

El otro hombre lobo, Mike, me había puesto alrededor del cuello un collar de plata que antes se encontraba encima de la mesa. Caí de rodillas, jadeando, y me pregunte por qué no estaba rugiendo de dolor. Me llevé las manos a la garganta y sentí aspereza, la plata estaba envuelta en algo por lo que no había contacto directo. Me estaba debilitando, pero no quemando. A continuación me llevaron las muñecas a la espalda y me esposaron. La debilidad se hizo más notoria, aquellas cadenas también estaban repletas de plata. Me arrastraron hasta la plataforma y empujaron mis rodillas hasta el centro de ésta. Una mano me agarró del pelo y me obligó echar la cabeza hacia atrás, y vi a Mike delante de mí, con el rostro desencajado de rabia. A pesar de que me dio un puñetazo yo sonreí. Su amigo, Jesse, gemía de manera obscena, ahogando el sonido e intentado respirar a través de su garganta destrozada. Sabía que no iba a sobrevivir, no me había dejado otra opción.

Uno de los vampiros estaba con la radio, probablemente pidiendo ayuda. La puerta de detrás de mí se abrió y oí entrar a dos hombres lobo más. Mientras que Mike me pegaba pude escuchar como cogían a Jesse y se lo llevaban, y entraba otro llamado Rory para sustituirlo.
Mike me dio una fuerte patada y yo jadee cuando sentí un chasquido en una de las costillas. La paliza duró bastante tiempo.

La puerta se abrió de nuevo y alguien entró. Mike bajó los brazos y retrocedió unos pasos, mientras respiraba con cansancio. Podía ver el daño que me había hecho en el reflejo de la pared. Me había cortado la cara y estaba sangrando. Tenía un ojo hinchado y la nariz rota, al igual que el pómulo. Los labios estaban rajados y mis costillas estaban ardiendo, había mucha sangre, alguna mía y otra de Jesse. Mi furia había disminuido, y no tenía nada para aliviar el dolor, excepto el saber que había matado a la escoria que había hablado de mi único amor. Me iba a curar, con el tiempo, pero no estaba seguro de cuánto tiempo me quedaba, había visto a través del reflejo a Victor Madden.

Caminó rodeando la plataforma hasta que estuvo en frente de mí, yo me encontraba arrodillado. En su cara se reflejaba pesar, pero yo podía ir más allá y ver la satisfacción oculta mientras chasqueaba la lengua.

-¡Oh, Eric! –Dijo en tono de reproche. -¿Qué has hecho? Habría tratado de que estuvieras lo mejor posible mientras te quedaras aquí, pero ahora no creo que haya nada que pueda hacer para ayudarte. Estaba tratando de reducir tu régimen, pero me temo que después de esta exposición de agresividad no será posible.

Escupí un diente, tenía la boca llena de sangre. Dio un paso hacia atrás para que no le manchara sus perfectos zapatos. -¿Régimen? –Le pregunté.
-Programa de rehabilitación. Cada preso está sujeto a un régimen educativo. –Me sonrió. –El programa va desde el nivel uno al ocho, que es para gente como tú, juramentos rotos y traiciones. He programado tu régimen, solo para asegurarme de que tendrás la atención que te mereces. –Su mirada era helada. -¿Qué ocurrió para que saltaras?

-Habló despectivamente de mi… de la Srta. Stackhouse. –Le señalé con la cabeza el medallón y la cadena que se encontraban en el suelo, donde Jesse los había dejado caer. Victor se acercó y lo recogió. También miró la foto y mientras acariciaba con el dedo a foto no pude hacer otra cosa que apretar los dientes. No tenía ninguna opción de acercarme a él. La plata era muy eficaz y mis rodillas todavía estaban sujetadas por los vampiros.

-Bueno, eso estuvo mal. Para estar seguro ¿qué te dijo?
-Solo dijo lo que era, una puta colmillera. –dijo un hombre lobo.
-Mmm. –consideró Victor. -¿Vivirá?
-Supongo que no. Le dejó sin garganta.
-Perfecto. –Me sorprendió la respuesta de Victor, pero no dejé que él lo notara. –Eso me ahorra el trabajo. No podemos permitir que las personas hablen mal de la telépata del rey. ¿Verdad? Bien hecho, Eric.

Con mucho cuidado mantuve mi semblante en blanco, pero mi cabeza funcionaba con rapidez. Asi que ese era el futuro que le tenían planeado. ¿Qué le podrían decir para que trabajara con ellos? No podía soportar la idea de lo que sufriría cuando se diera cuenta de que no volvería. ¿Qué pensaría de mí? ¿Qué la había traicionado como Bill? Me hubiera drenado miles de veces para que pudiera salvarla de aquel dolor, me sentía impotente. Al pensar en mí gruñí, y la sonrisa de Victor se ensanchó, sabía por lo que estaba pasando. ¡Maldita sea!

-Para compensar tu lealtad hacia ella podrás mantener este pequeño recuerdo. –Se acercó a la pared que había delante de mí y colgó el lazo sobre un gancho que había dejando el medallón abierto para que pudiera ver la foto y luego sonrió.-Dejaré esto aquí, espero que le sirva de consuelo, lo necesitará. Adiós Eric, no me volverás a ver. A los del régimen ocho no se les permiten visita, pero ten por seguro que yo no estaré muy lejos. –Señaló el techo. –Cristal. Pasaré muchas horas, felizmente, en la pasarela de arriba, observando su “eduación”. Las celdas están totalmente insonorizadas, por lo que no seré capaz de escucharte gritar, no tengo ninguna duda de que lo hará. –Cuando salió de la celda comenzó mi calvario.

Lo primero que hicieron fue asegurarme en aquel lugar. El collar de plata que me habían puesto fue sustituido por uno mucho más grueso, una versión más pesada, que tenía cuatro presillas iguales. Las cuatro eran largas, con soportes robustos, de acero ajustable, algo así como los palos de una tienda de campaña. Al principio entre ellas había poco espacio pero conforme se iba acercando a las esquinas de la plataforma la distancia era mayor. Ajustaron con cuidado cada puntal para que estuvieran en tensión unos con otros, una vez terminaron acabé de rodillas y prácticamente inmóvil. Más tarde me colocaron unos grilletes, también de plata, esta vez pude ver como estaban cubiertos de cuero. Colgaron las llaves de las cadenas justo debajo del colgante de Sookie, donde las pudiera ver pero no cogerlas.

Ahora que estaba seguro, los vampiros se excusaron ante el guardia del escritorio para que les dejara salir. Dijeron que se acercaba el amanecer, pero yo aquello ya lo sabía. Lo sentía. Mi cuerpo estaba rígido y si hubiera estado en libertad hubiera ido a buscar un refugio. Por supuesto, los hombres lobo al llegar el amanecer no tenían la necesidad de descansar. Podrían estar todo el tiempo necesario organizados por turnos. Tenía la certeza de que no me iban a dejar dormir, y hoy menos. Esto empezaba a ser malo.

A continuación me afeitaron la cabeza, fue una sensación curiosa. Llevaba con el pelo largo toda mi vida, lo único que me cortaba era las puntas. Ver los mechones dorados caer cuando pasaba la navaja, me alegré de que mi amante nunca me hubiera visto así, habría llorado por lo que según ella era mi esencia. A ella le encantaba cogerme mechones de pelo mientras hacíamos el amor, y me lo trenzaba cuando tenía que presentar un aspecto más formal. Me hubiera gustado que se lo enviaran como recuerdo. Sin embargo, sabía que cuando me volviera a crecer me lo volverían a rapar. Vagamente, recordaba una historia en la que la fuerza del héroe residía en el pelo, y que había confiado en una mujer que no había dudado en cortárselo mientras dormía. Me sentía débil, pero no era por el pelo, si no la maldita plata. En aquellos momentos no era más fuerte que un ser humano, y por lo tanto cualquier hombre lobo podría conmigo.

Cuando terminaron con el pelo me observé en el espejo, tenía la cabeza desnuda, ellos comenzaron a vaciar las cajas y dejar todo encima de la mesa. Tuvieron el detalle de explicarme lo que era y para qué servía cada objeto. Esto me dio esperanzas, no eran muy expertos en aquella materia. Tenía mucha experiencia en torturas, tanto como torturador como torturado, y sabía que era más efectivo no explicar las torturas, era mejor para la víctima utilizar su imaginación con aquellos artefactos.

Recé para que aquellos guardias fueran mis verdugos durante los próximos 14 días, no eran expertos. Pero no me engañé, necesitaría durante aquellas todas mis fuerzas. Como último recurso podría aislarme en la habitación para huracanes, pero no lo haría de no ser necesario.

Esta habilidad la había aprendido hacía muchos siglos. Cuando viví en Nepal había conocido a un vampiro muy antiguo que me había enseñado a retirarme dentro de mí en caso de necesidad. Se lo había explicado a Sookie diciéndole que al igual que los plantadores humanos del siglo XVIII y XIX, del Caribe, había construido una habitación especial sin ventanas, una caja fuerte en el caso de las casas, en las que se podía estar a salvo de los huracanes, esto era posible en la práctica hacerlo dentro de la cabeza en momentos de gran sufrimiento. El cuerpo sigue funcionando y respondiendo con actos reflejo pero la mente está ausente. El problema era que después resultaba difícil volver. Cuanto más tiempo se pasara allí, más difícil resultaría. Muchos vampiros tenían esa habilidad, y yo había conocido a algunos que se habían perdido dentro no habían podido salir. Ya lo había hecho antes, y no había estado allí más de dos días, debido a que era demasiado peligroso. Había estado allí solo por necesidad.

Al parecer mi “régimen educativo” había sido anotado en una libreta, la cual se consultaba periódicamente. De nuevo, cometieron otro error elemental: leer en voz alta la “lección”, por lo que me daban unos segundos para prepararme. Debo confesar, que al escuchar sus palabras un estremecimiento de horror recorrió mi cuerpo. Iban a arrancarme los colmillos.

Los colmillos eran intocables, la parte más característica de un vampiro, lo que nos definía, por decirlo de ese modo. Eran esenciales para nuestro bienestar, en el pasado, antes de que apareciera True Blood y las clínicas de donantes, si perdía tus colmillos perdías tu vida. Era casi imposible alimentarte sin ellos, tardaban entre tres y seis meses en volver a crecer. Durante ese tiempo, el vampiro estaba débil y era carne de cañón para cualquier jueguecito humano. Un vampiro sin colmillos, no era un vampiro, era un objeto de burla, un escarnio entre los de su especie.

Mi verdugo dejó la libreta y volvió a mi lado. Se puso detrás de mí y me agarró la frente con el brazo, mientras que el otro se ponía delante con unas pinzas de plata en la mano. Me bligaron a abrir la boca y sentí un dolor horrible cuando la pinza toco la boca. Sin embargo, no era nada con la agonía que sufrí cuando el guardia agarró el colmillo izquierdo lo retorció y lo arrancó.

Victor llevaba razón, grité. Como vikingo había sido entrenado para soportar las heridas en silencio, a lo largo de los siglos me había dando cuenta de que eso no servía para nada, tan solo para evitar la pérdida de valor en tus compañeros de armas, que podían despistarse al oír el grito. Esto no se aplicaba a mi situación actual, nadie me oía, Sookie ya no estaba vinculada a mí. Estábamos mi dolor y yo. Mi colmillo se soltó junto con una oleada de sangre, y lo tiró al suelo, luego se dirigió a por el otro. Que fue aún peor, aunque me desmayé del dolor, recuperé la consciencia cuando me comenzaron a golpear la cara, ya herida. El segundo colmillo salió disparado hacia las baldosas y los guardias se rieron. Tosía y me ahogaba con mi propia sangre, dulce y cobriza llenaba mi boca. La podía oler, y de nuevo los oí reírse.

Era consciente de que aquello era solo el comienzo. Tenía que encontrar alguna manera de sobrevivir a aquello.

Cuando se alejaron hacia la mesa, miré el rostro de Sookie, salía sonriendo, e intenté concentrarme en él. Déjame perderme en ti, mi amante. Déjame perderme en ti y dormir en tu regazo, riendo y hablando frente al fuego como hacíamos en las largas noches de invierno. Cerré el ojo que estaba sano y visualicé la escena con tanta intensidad que casi podía oír su voz y sentir los dedos mientras me acariciaba el pelo. Entonces, sentí un líquido caliente caerme en la cara y la espalda. Los guardias estaban orinando encima de mí, riendo mientras lo hacían. La orina me picaba en los cortes de la cara, y el fuerte olor llenó la celda. Supe entonces que no tendría escapatoria. Sin colmillos, encadenado cuello y rodillas, y sometido a los caprichos de un sádico, sentí que no podía caer más bajo.

Los hombres lobo se subieron la cremallera de los pantalones y cogieron un látigo. Las hojas eran de plata, y no estaba revestido de cuero. Esperé con angustia a que empezaran, rezando por quedarme inconsciente, aunque no me lo permitirían. Mi reflejo se burlaban de mí, mostrándome mi cara destrozada un centenar de veces, entonces los guardias me golpearon y aquel pensamiento se disolvió apareciendo de nuevo la agonía.

No sé cuánto tiempo llevaba sufriendo, el tiempo se había detenido en aquel lugar. Siempre que podía dejaba la mirada fija, tratando de perderme, pero de nuevo me volvía al tormento. Yo sabía que aquellos cambiaformas no habían ideado aquellas sutiles torturas, ellos simplemente ponían en marcha las ideas de Victor. Traté de concentrarme en é y distraerme con venganzas, por un tiempo funcionó, pero tarde o temprano me volvía a encontrar delante de mi cuerpo dañado. El día pasó, sin comer ni dormir, y la noche siguiente, y luego más días y más noches. Y aunque los guardias cambiaban el tormento nunca se detenía.

Por fin supe que no podía más. Había perdido la cuenta de cuantos días llevaba sin dormir, y siempre tenía hambre, había comenzado a comer lejos de mi buen juicio, aunque siempre tenía cuidado de no deslizarme hasta los límites del olvido. Victor quería que estuviera consciente cada segundo, quería que me diera cuenta lo que me estaba sucediendo. De vez en cuando, ellos me enseñaban una botella de True Blood, ofreciéndomela si les rogaba. Lo hacía inmediatamente, y recibía pequeñas cantidad a cambio.

Supe cuando había sido suficiente para ir a mi habitación para huracanes. No quedaba mucho de Eric, por lo que había que buscar algún lugar en mi cabeza. Si nunca volvía salir me daba igual, sería mejor que la realidad. Mi reflejo continuaba allí, mi cuerpo todavía respondía a la tortura infinita, sacudiéndose y retorciéndose, mi capacidad de cicatrización estaba muy débil por la falta de alimento.

Aproveché una pausa momentánea, había regresado a la mesa repleta de instrumentos de tortura, ahora manchados de sangre. Cogían el siguiente instrumento y fijaban el objetivo. Rápidamente fijé la mirada (aunque solo con un ojo, ya que el otro debido al hinchazón estaba cerrado y dañado de forma permanente) hacia el retrato. Me gustaría llevarla conmigo. Inspiré dos veces profundamente, las costillas rotas me dolieron ante aquel acto, y puse mi mente en funcionamiento. La miré a la cara mientras repetía las palabras del mantra en mi mente. Comencé a sentirme a la deriva. Solo unos segundos más. Un calor comenzó a invadir mi cuerpo y sentí que caía en su mirada azul. Me faltaba poco… y me fui.
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Re: What Happened in Vegas - Fanfic Eric/Sookie

Mensaje por Luka73 el Mar 20 Sep 2011, 8:28 am

Buf, está interesantísimo. Me encanta. ¿Cuántos capítulos dice que tiene?

Debe suponerte muchísimo trabajo, pero please, continúa, porque estoy impaciente por saber cómo sigue. Very Happy
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Re: What Happened in Vegas - Fanfic Eric/Sookie

Mensaje por sumomo el Mar 20 Sep 2011, 12:24 pm

bua gracias por colgarlo, esta muy interesante...pobrecito erik
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Re: What Happened in Vegas - Fanfic Eric/Sookie

Mensaje por Wynne el Mar 20 Sep 2011, 2:12 pm

El fic tiene 21 capítulos, y contando con que son larguitos pues voy a tener trabajo para meses... Pero bueno yo lo hago con mucho gusto Very Happy
Si encontráis alguna frase mal expresada o algo decídmelo porque después de llevar una hora traduciendo yo lo veo todo muy claro pero no sé si lo escribo igual.
El siguiente capítulo supongo que lo tendré para el domingo.
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Re: What Happened in Vegas - Fanfic Eric/Sookie

Mensaje por sumomo el Mar 20 Sep 2011, 2:49 pm

que trabajazo!!!!

muchisimas gracias, yo lo he visto estupendamente expresado todo, que envidia que me gustaria saber ingles...pero soy una negada banghead
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Re: What Happened in Vegas - Fanfic Eric/Sookie

Mensaje por Wynne el Dom 25 Sep 2011, 11:11 am

Pensaba que al final no tendría la traducción para esta semana pero hoy por la mañana me he puesto las pilas y ¡aquí está! He pensado que quizá prefiráis que divida cada capítulo en dos partes para facilitaros la lectura. Decidme si lo preferís así o sigo igual ji

Capítulo 4

Sookie POV

La puerta metálica se abrió y me fui directa a la pasarela de nuevo. Eric estaba tan cerca. Me contuve con gran esfuerzo. Ramon podía ser amable y educado, pero seguía trabajando para el rey Felipe, y sin duda tendría que seguir las órdenes de Victor o de alguien parecido. No permitiría que el viera otra cosa que no fuera control absoluto. Mostrarle a los vampiros un signo de debilidad significaría el final de todo esto.

Ramon me guió hacia las escaleras, que se encontraban en el otro extremo de la pasarela, y que llevaba al mismo nivel que las celdas. Cuando pasamos por encima de la celda de Eric le miré y se me rompió el corazón. Sus manos estaban encadenadas a la espalda, y un guardia estaba dándole patadas a las piernas mientras el otro recogía algo de la mesa. No podía ver qué era, pero seguí a Ramon escaleras abajo, el Sr. Cataliades seguía mis pasos, sus grandes zancadas le permitían seguir el ritmo con facilidad. En la planta inferior había un guardia con los pies sobre un escritorio, en el que se encontraba un portapapeles, en la pared detrás de él se podía ver unos enganches llenos de llaves. Algo inteligente, pensé, todos los guardias estaban encerrados con los presos durante sus turnos, las llaves se quedaban en aquel lugar.

El guardia, que estaba corpulento, asintió en señal de reconocimiento a nuestro hombre lobo.

-¡Ey, Ramón! ¿Cómo te va? –dijo perezosamente. Eso era un hombre que se tomaba en serio su trabajo…
-¡Ey, Jerry! El de la 18 tiene visita.

Jerry bajó los pies del escritorio y recogió el portapapeles, lo estudió tranquilamente. Frunció el ceño. -¿Seguro que es el hombre de la 18? Aquí dice que tiene máxima seguridad.

El Sr. Cataliades le entregó un documento firmado por el rey (Victor había conseguido ver al rey después de todo. Algo que no me sorprendió). Jerry lo miró detenidamente y después nos miró a nosotros. Tomó nota de que yo llevaba dos paquetes de True Blood. Le hizo un gesto al abogado para que abriera su maletín e inspeccionar su contenido. Sólo contenía papeles, documentos que el Sr. Cataliades había escrito después de nuestra última reunión, y un montón de notas sobre ésta. Aquella reunión había sido muy útil, todo lo realmente importante se había dicho por escrito. No me fiaba de Victor, podría haber puesto micrófonos en la sala de conferencias. Hubiera sido muy útil si nos hubiéramos podido comunicar mentalmente, pero solo podía leer pequeñas cosas al demonio, el resto había sido como en la vieja escuela, lápiz y papel.

Habíamos utilizado el sentido común y acabamos acordando de que lo mejor era actuar. No era lo ideal, y no iba a ser fácil, pero era lo mejor que habíamos podido acordar antes de que Victor interrumpiera con el permiso del rey. El abogado se había tomado su tiempo en revisarlo, prácticamente comprobando los márgenes centímetro a centímetro, hasta que se quedó satisfecho, decía exactamente lo que tenía que decir.

Mientras él hacía eso yo negociaba con Madden acerca del tiempo que disponía para hablar con Eric a solas. Le pedí dos horas, y él me ofreció treinta minutos, finalmente llegamos al acuerdo de una hora, que era el tiempo que habíamos estimado Cataliades y yo.

Jerry cerró el maletín, nos miró a mí y al abogado de nuevo.

-De todos modos ¿Quién sois? –Preguntó.
-El abogado del Sr. Northman. –dijo Cataliades.
-Y yo soy su esposa. –Les sonreí con toda la dulzura que me fue posible. La cara de Jerry cambió y suspiró para sí. Había visto esa expresión tanto que no me hacía falta ser telépata para saber lo que significaba. Estaba pensado en algo parecido a: “¿Y qué narices hace con él? ¿Por qué no está con un hombre de verdad?”. Estuve tentada a contestarle con un comentario mordaz, pero estaba más ansiosa por llegar a Eric y detener todo lo que le estaba ocurriendo. Además, me di cuenta que en ocasiones era difícil explicar que lo que importaba era la personalidad. La dulce Sookie o la Sookie Northman de acero. Decidí que en aquella ocasión sería dulce. Mientras aquellos tipos tuvieran cualquier tipo de control sobre Eric no les mandaría a la mierda, él estaba indefenso.

Jerry volvió a mirar el documento que tenía en la mano. La firma del rey se veía claramente.
-Bueno, vale, creo que todo está correcto. –Dejó el papel y se dio la vuelta para recoger la llave. Luego se levantó y se dirigió hacia la puerta de la celda 18.
Miré a Ramon.
- ¿Te esperarás aquí? Por favor. Mi acuerdo con el Sr. Madden fue que no habría supervisión en la visita. –Se encogió de hombros y se sentó en el escritorio. No había manera de que pudiera escapar, aunque hubiera preferido que él se quedara en las escaleras.

Me fui acercando a la celda siguiendo los pasos de Jerry, me estaba sofocando, mi ansiedad estaba reprimida, y me acordé de lo que el Sr. Cataliades me había dicho.
-No me atrevo a llevarte Sookie, ¿te acuerdas de la reacción de Bill cuando fue liberado de la tortura de Russell? Después de llevar cinco días sin comer ni dormir te atacó. ¿Lo recuerdas? Estos han tenido a Eric dos semanas. Cuando los vampiros se encuentras en una situación extrema, en ocasiones se pueden encerrar en sí mismos, una especie de fortaleza mental, y a veces es muy difícil para ellos volver. Debes prepararte para la posibilidad de que Eric quizás no te reconozca, es muy posible que él se haya retirado, al menos temporalmente. Esto significa que funcionará por instinto, no por la razón, y te recomiendo que no te acerques demasiado a él hasta que no comprobemos que es seguro.

Me puse rígida cuando Jerry abrió la puerta hacia dentro, en ese momento retrocedí ante aquel sonido terrible que inundaba mis oídos, era la voz de Eric roca por la agonía. Le había escuchado gritar antes, cuando había sido expuesto al sol en Rhodes, y fue terrible, aunque nada comparado con este momento. En aquel instante me puse a jadear y me doblé de dolor, lo sentía a través del vínculo, el cromo ya no me hacía efecto. Eric me había dicho que cuando yo había sido torturada por las hadas había sufrido conmigo, debido a aquella unión, pero yo nunca me hubiera imaginado lo que realmente sentía. Ahora ya lo sabía, el dolor me invadió durante unos segundos, y por fortuna se detuvo de repente, parecía como si hubieran cortado nuestros lazos, pude verle como se caía hacia delante. Se había desmayado. Y por primera vez en mucho tiempo me alegré de que nuestro vínculo fuera tan débil. No creo que hubiera podido soportar la versión a todo color.

Meneé la cabeza para despejarme, cogí aire profundamente y luego me lancé hacia la puerta para entrar en la celda. Un guardia se paró delante de Eric, le pegó en la cara una y otra vez para que recobrara la conciencia, cuando entré se enderezó sorprendido. Le empujé con todas mis fuerzas, y le golpeé sin parar, estaba asombrado y no pudo hacer otra cosa que alzar las manos para protegerse de mis golpes. El otro guardia permanecía apartado, con un objeto metálico en su mano, no quería mirarle. No tenía sentido lo que estaba ocurriendo, no me habían pegado, estaban estupefactos. Estúpidamente comencé a gritar.
-¡Basta, basta! ¡Dejadlo en paz, cabrones! –Como si eso fuera a tener mucho efecto. Entonces oí la voz tranquila del Sr. Cataliades.
-Tengo una orden firmada por el rey, en la que dice que el régimen educativo de este hombre queda suspendido de inmediato. Será liberado de sus ataduras y le deberán proporcionar, comida, ropa y un ataúd en el que dormir.

Los guardias se quedaron boquiabiertos y miraron a Jerry pidiéndole una explicación. Jerry asintió con la cabeza.
-Es mejor hacer lo que dice. Tiene una orden del rey, si necesitáis ayuda gritad. –Una vez dicho aquello se volvió y marchó a su escritorio.
Al final iba a llevar razón con eso de que era más bien tranquilo. Los guardias de mala gana se apartaron de, el ahora inmóvil, Eric, el Sr. Cataliades se hizo cargo pidiendo inmediatamente todo lo que señalaba la orden. Salieron de la celda juntos y me dejaron a solas con Eric.

Todavía seguí inconsciente; la cabeza colgando hacia delante, el cuello rígido debido a que estaba sujeto con un colla con puntales, era lo único que hacía que se mantuviera derecho. Me apresuré a arrodillarme en frente de él. Entonces me di cuenta del olor y arrugué la nariz. Eric, que normalmente era un auténtico incordio con la higiene personal, apestaba. Ignoré el olor y observé de cerca las heridas. Mis ojos se abnegaron en lágrimas cuando le acaricié la cara magullada, después metí la mano en el bolso y saqué un pañuelo para limpiarme las lágrimas. Ahora era cuando tenía que ser más fuerte. Normalmente yo me apoyaba en él, pero en aquella ocasión sería al revés, y no podía fallarle. Revisé el resto de sus heridas más graves, y la peor herida que puede encontrar fue la que los guardias le estaban haciendo cuando yo había entrado. Puede observar el artilugio de plata en el suelo, donde el guardia la había dejado caer, el propósito estaba claro. Era como una llave inglesa, se utilizaba para abrir la mandíbula, pero en el caso de Eric la habían utilizado para su escroto. Las marcas de la llave inglesa eran todavía visibles, estaban grabadas en la piel. No me extrañaba que hubiera gritado como lo había hecho. Me estremecí y miré hacia otro lado. Mis negociaciones con Victor iban a incluir definitivamente la estancia de Eric en un hospital, cualquiera que estuviera lleno de gente.

Abrí una de las botellas de True Blood y metí el dedo en ella. Entonces, levanté su cabeza con mi otra mano y rápidamente toqué con mi dedo enrojecido sus labios agrietado e hinchados. Lo hice otra vez, logrando que una pequeña gota llegara a su boca. Ante esto se agitó ligeramente. Me preguntaba por qué el vínculo no se volvía a restablecer, debía ser el cromo. Gota a gota y con pequeñas cantidades le iba alimentando. Comenzó a mover el párpado hasta que finalmente abrió el ojo, y le miré a través de aquel universo azul lleno de dolor. Aquello me hizo que me alegrara tener el cromo, al menos por ahora. Su mirada estaba inyectada en sangre, y se centró instantáneamente en la botella. La puse en sus labios y la incliné, su boca se abrió y tragó desesperadamente. En pocos segundos la botella quedó vacía y yo tuve que abrir otra. Normalmente, no era muy partidario de True Blood, decía que tenía un sabor metálico, pero en aquella ocasión bebió ya que no había nada mejor (aparte de a mi misma). Bebía como si aquello fuera néctar de dioses. Las botellas que quedaban desaparecieron con la misma rapidez que la otra, cuando el terminó buscó con la mirada más.

-Lo siento, Eric, era todo lo que tenía. Traerán más dentro de unos minutos. –Cuando escuchó el sonido de mi voz me miró por primera vez. Su mirada me recordaba a un halcón enjaulado que había visto en el zoológico. El ojo del halcón era amarillo, y no azul, pero tampoco pestañeaba y su mirada era igual de inhumana. Sonreí con indecisión. No reaccionó. No me reconocía. ¡Oh, joder! Aquello no era bueno. Y lo intenté de nuevo.
-Eric, cariño, soy yo. ¿Sabes quién soy? –Nada. Esto no sería tan sencillo como yo había esperado. Bueno, plan B. Me senté y pensé rápidamente. Su memoria y su mente tenían que regresar de alguna manera. Bueno, ya tenía experiencia con Eric y sus pérdidas de memoria. Le había cuidado cuando le había maldecido aquella bruja. ¡Vamos, Sookie! El reloj: tic-tac, tic-tac. ¡Piensa, niña, piensa! La última vez que había recuperado la memoria ¿cómo lo había hecho? Estaba retorciéndome el cerebro, y una imagen me vino a la mente de él sentado en mi cama, con su cabeza entre mis manos. ¿Qué había dicho? “Sentado aquí en tu habitación, con tu olor…”

¡Olfato! Había leído en algún sitio que lo que mejor se recordaba, más que cualquier otro sentido. ¿Cuántas veces el solo hecho de oler una mandarina me había recordado a la Navidad de forma instantánea? ¿O un pastel de calabaza al día de Acción de Gracias? Bueno, vamos a ver qué podía hacer. Tenía un pequeño botecito de Obsession, el perfume favorito de Eric, en el bolso. Me lo había dado hacía meses, y nunca usaba otro. No me quedaba mucho, pero tenía que hacerlo. Abrí mi bolso y comencé a hurgar en él. Rocié algunas gotas en mi muñeca y la acerqué a su cara.
-Huele esto, Eric. ¿Te hace recordar algo? ¿A alguien? –Unos segundos más tarde lo inhaló lentamente, me sujetó y exhaló de la misma manera. No reaccionó. Vale ¿Qué más le había podido ayudar en el pasado? ¿Alguna otra cosa que le pudiera hacer recordar? ¡Oh! La primera vez que habíamos estado juntos después de recuperar la memoria, estaba en la cama y yo le pregunté si lo recordaba todo. Él me había dicho “¡Oh, sí!”, había mirado mis pecho, “¿cómo podría olvidarlos?”, y luego había hecho cosas maravillosas con ellos, ciertamente yo no lo había olvidado, pero el sí. Vale. ¿Y ahora qué?

Primero, hacer lo que debería haber hecho hacía ya tiempo, buscar a más humanos en la zona. Dejé que mi cabeza se alejara de la celda, no había nadie. Sentí que los hombres lobo y el Sr. Cataliades estaban a bastante distancia, el resto eran una gran cantidad de vacíos en mi mente, vampiros. Llegué a la pasarela, pero no había nadie. Madden había cumplido su parte del trato, no había vigilancia. Pensé por unos minutos, luego me levanté y salí de la celda. Eric no iría a ninguna parte. Me acerqué a Jerry con una sonrisa.
-¡Ey, Jerry! ¿Me puedes decir si hay algún tipo de vigilancia por cámara en las celdas?
-No señora, nunca ha hecho falta, siempre hay un guardia con los presos. –Buen punto. Mi sonrisa se hizo mayor.
-Jerry, estoy buscando un poco de tiempo para estar a solas con mi marido. Cuando los otros regresen ¿les puedes pedir que esperen en la puerta hasta que yo abra? ¿Por favor?
-Claro, pega a la puerta.
-Gracias, Jerry, eres un cielo. –Volví a la celda, al empujar la puerta se cerró tras de mí. Vale, era hora de comenzar.

Para empezar había aplacado su hambre, ahora Eric parecía estar más alerta. Por lo que podía apreciar detrás de la sangre y de la suciedad, su color de piel estaba un poco mejor. Algunas de sus heridas y moratones se iban curando mientras yo los observaba, incluso la horrible cicatriz de su ojo iba desapareciendo. Me aferré a la idea de que tenía mil años, y que los vampiros de esa edad no necesitaban demasiada sangre para recuperar sus fuerzas. Tenía la esperanza que lo que la sangre que le había dando le impulsara a su recuperación. Pero ahora, tenía que trabajar rápido, porque dentro de poco otro tipo de hambre entraría en escena, y si no me había reconocido realmente estaba en problemas. En primer lugar, busqué la llave de sus cadenas. Allí estaba, colgada en la pared, delante de él, siempre a la vista pero no a su alcance. Cuando llegué hasta ella me di cuenta de cuál era su verdadera tortura, aquellos tipos no habían dejado pasar nada. Había una foto mía colgada por encima de las llaves. Me pregunté de dónde la habían sacado. No recordaba haberle dado nunca una foto mía a Eric, mejor dejaría aquello para más tarde. La advertencia del Sr. Cataliades me gritaba en mi interior mientras iba desenganchándole, rápidamente le quité las esposas a Eric. Poco a poco fue devolviendo sus brazos a su posición natural y se frotó las muñecas, que estaban en carne viva y sangrando. Decidí dejarle el collar tan solo por unos minutos, como medida de precaución.

Me paré frente a él, lejos del alcance de sus brazos, me quité la chaqueta y comencé a desabrocharme la blusa. No podía hacerlo lentamente, no había tiempo. Una vez desabrochados los botones comencé a hablarle, le dije que era Eric Northman y que yo era su esposa. No le había dicho mi nombre, era una prueba. Le dije que trataría de activar su memoria a través de sus sentidos físicos. Me saqué la camisa de la falda y me la quité, detrás fue la falda. Me quedé en ropa interior, de encaje negro, medias y tacones. Estaba realmente contenta de haberme vestido formalmente, en todos los sentidos, aquella noche.

Por ahora su mirada estaba clavada en mi cuerpo, y yo tan solo rezaba para poder continuar con el trabajo. Le di la espalda.
-¿Ves estas cicatrices blancas, Eric? Son de una ménade furiosa. Ella me envenenó y tú ayudaste a drenar mi sangre para después recibir una transfusión. Esa fue la primera vez que probaste mi sangre. –Luego le enseñé una cicatriz redonda y brillante en un costado. –La tengo de cuando me clavaron una estaca en el Club de los Muertos, en Jackson, me diste tu sangre para que me curara a la fuerza. Fue la segunda vez que probé tu sangre, la primera fue cuando me protegiste en Dallas y tuve que extraer la bala de tu pecho.
Cogí la botellita de perfume y me eché mucha en el pecho. Emití un pequeña pero sincera oración, me acerqué y coloqué mis manos debajo de mis pechos, levantándolos hacia él.
-Eric, siempre dijiste que nunca podrías olvidarlos. Míralos, cariño, y dime como los ves.
Tras eso me desabroché el sujetador y los dejé al aire, me incliné hacia delante para que pudiera observarlos mejor.

Incluso en su estado se quedó boquiabierto mientras los agarraba. Tenía que reconocer que Dios había sido muy generoso en lo que a senos se refiere, Eric tenía mucho que coger. Sus manos parecían tener vida propia, ahuecó mis pechos suavemente, frotando sus pulgares con mi pezón. Me estremecí brevemente, pero no era de deseo, era la primera vez que le miraba las manos, no tenía uñas.

Ahora, yo sabía que él hacía aquello porque algo comenzaba a funcionar, pero no sabía si se trataba de su memoria o de su lívido, por lo que decidí pasar al siguiente nivel. Aparté sus manos y me enderecé un poco. Puse mis manos sobre sus hombros y para que su cara quedara delante de mis pechos me puse de rodillas. Luego dije aquellas palabras que tanto habíamos susurrado a oscuras a la luz de la luna. –Usa tu boca, cariño.

Me miró con atención, antes de obedientemente agachar la cabeza e ir a por mis pechos. Sentí sus húmedos labios, ahora menos hinchados y agrietados, y luego sentí un cosquilleo cuando su lengua empezó a repasar mi pezón izquierdo. Su mano izquierda mientras tanto se encontraba ocupada con mi pecho derecho (había cosas, que independientemente de en qué estado se encontrara, las seguía recordando), estaba jadeando, pero sabía que tenía que centrarme. Le eché un vistazo a la celda, que era ideal para quitarme el romanticismo.
-Huele el perfume, cariño, es tu favorito.
Le oí respirar de nuevo, y estaba vez pareció que lo memorizaba. Su lengua continuaba con su labor y murmuré todas las palabras de amor que utilizaba cuando estábamos en la cama, a la vez trataba de pensar de manera coherente. Cada vez era más difícil. Estaba utilizando la vista, el oído, el olfato y el tacto, el único sentido que le faltaba era el gusto y yo sabía que era lo que tenía que hacer. Realmente era peligroso, pero no podía parar.

Me mordí el labio hasta que sentí que la sangre fluía y luego le susurré.
-Bésame, Eric.
Al principio no me hizo caso, hasta que alzó la mirada y vio la gota de sangre en mi boca. Me lamió los pezones una vez más antes de soplar levemente sobre ellos. El aire fresco sobre la piel húmeda hizo que fuera casi insoportable, luego levantó la cabeza y me miró a los ojos, su mano derecha estuvo a la deriva hasta ocupó lugar en su boca.

Puse mis manos con cuidado sobre su cara, la puse en ángulo recto y después atraje mis labios a los suyos. Suavemente iba chupando la sangre de mi labio inferior, lamiendo con su lengua, hasta que brotaba de nuevo la sangre. Siempre había dicho que mi sangre era única, aquella octava parte féerica resultaba muy atrayente a los vampiros, esperaba que recordara aquel sabor. Tenía los ojos cerrados y me di cuenta de que la estaba saboreando, pero su cuerpo se tensó y sus manos detuvieron aquel sensual movimiento. ¡Oh, mierda! ¿Y si había desencadenado al malo? Le nombré una vez más, de repente sus manos me agarraron los brazos dolorosamente, y me miró fijamente a través de su único ojo sano. Algo estalló en aquel fondo azul, y luego dijo sus primeras palabras aquella noche.
-¿Sookie? –Me aplastó contra su pecho sucio, mientras yo le besaba cada cicatriz de la cara y recorría con mis manos su cabeza rapada. Estaba tan feliz que podría haber llorado, él lo hizo, dos lágrimas rojizas y brillantes recorrieron su cara mezclándose con el resto de la sangre de la cara.

-Sookie… mi amor. –Su voz era débil, seguramente debido a la sed o a sus horas de gritos agónicos, pero era su voz sin duda. Había regresado y aquello era lo importante en aquel momento.

Pero esto no podía durar, había mucho que hacer. Finalmente, rompí aquel abrazo, que era relativamente débil, y cogí mi ropa. Le dije que los demás venían, con ropa y alimentos y que le proporcionarían un lugar para dormir, y que no habría más tortura. Corrí hacia la puerta y me encontré a los otros esperando con seis botellas de True Blood, un ataúd, y un gran cubo con agua caliente, jabón, esponja y toalla. Todavía no habían encontrado ropa lo suficientemente grande para Eric, eso no era realmente importante, ser escandinavo era sinónimo de no tener vergüenza a estar desnudo. Les hice unas señas para que inmediatamente le dieran el paquete de seis, mientras que ponían el ataúd, yo mientras tanto le quitaba del cuello los grilletes mientras bebía. Cuando le quité todo el cuero y la plata se los di a Ramon y a los guardias (que aún estaban aturdidos por el giro que había tomado la situación), les dije que se deshicieran de todas las herramientas de la mesa, a excepción de un bisturí. Con cuidado le limpié la cara y las manos, y luego el lugar del cuello por el que había estado agarrado. Cada minuto que pasaba iba mejorando.

Después de haberle ayudado acaricié sus manos secas (no me atrevía a tocarle los dedos). Le pregunté al Sr. Cataliades por el documento final que había llevado, y por el bolígrafo. Él los había redactado para Eric. Solamente le quedaba beberse una botella de True Blood, nunca había visto a un vampiro beber tan rápido. El podría haberlo hecho más lento, pero no podíamos perder tiempo. Se iba curando rápidamente, su otro ojo ya se encontraba abierto y pude observar cómo me miraba, me parecía tan fantástico que casi me olvidé de su cabeza rapada.

-Eric, tenemos un plan para que salgas de aquí, pero depende de que firmes este documento. No tengo tiempo de explicártelo, pero confía en mí. Por favor, firma.
Eric frunció el ceño. Aquello iba en contra de su naturaleza, era como un empresario que estaba acostumbrado a leer minuciosamente todo lo que firmaba.
-Eric, cariño, no tenemos tiempo. Victor llegará dentro de veinte minutos, tienes que comprender muchas cosas, confía en mí. –Una mirada terca se dibujó en su rostro. ¡Maldito orgullo vampírico! Acabé diciendo una frase que él había utilizado anteriormente para justificar su escandalosa forma de manipularme. -¿Dudas de que quiero lo mejor para ti? –Levantó una ceja sarcásticamente, sabía lo que estaba haciendo. Luego su expresión se suavizó y le puse el bolígrafo en la mano. Le entregué el documento (todavía continuaba de rodillas) y lentamente fue firmando lo que le indiqué. El Sr. Cataliades hizo de testigo y apuntó la hora y el día, antes de colocarlo en su maletín y salir de la habitación. Él esperaría junto con Ramon y los guardias a fuera. Suspiré aliviada. Fase uno completada. Ahora venía lo difícil, que aceptara el divorcio.

Rápidamente le conté lo que había sucedido en estas últimas 24 horas, incluyendo la oferta de Madden a cambiar la pena de muerte por el destierro. Comenzó a explicarme como había llegado a aquella situación y le corté.
-No hay tiempo. Sé que te engañó, lo importante ahora no es cómo ocurrió sino como vamos a acabar con esto, así que cállate, haz en esfuerzo y escúchame. Victor sabe que no me puede obligar a hacer nada sin tu consentimiento, ya que estamos casados. Dice que si disolvemos el matrimonio de mutuo acuerdo podré elegir a dónde voy y con quién trabajo. –Eric empezó a protestar pero de nuevo le corté. –Eric, si no lo consientes, morirás, lenta y dolorosamente, y como por ley soy tu esposa, ¡tendré que verlo! –Al recibir aquella información su expresión cambio, y reforcé mi punto de vista. –Tendré un asiento en primera fila durante seis meses para verte morir. No puedo hacerlo. Pero si trabajo con Felipe voluntariamente, se podrán negociar condiciones muy favorables para tu liberación, y eso significa que podré buscar pruebas que digan que Victor te engañó. Si hago eso, tendremos el perdón del rey y podrás volver a Louisiana, sé que no es la mejor idea, pero estamos metidos en un lío y no puede verlo de otra manera.

-Quiero que me prometas que irás a Suecia y no te moverás de allí. No podrás ni deberás comunicarte ni conmigo ni con nadie que conozcas en América, si lo haces te matarán y a él. Y eso me incluye. Por favor, Eric, yo puedo hacer esto si sé que estás bien. -En mis ojos comenzaron a formarse lágrimas tan solo de pensar en la idea de perderle. –Tendré la seguridad de que estás vivo y seguro en otra parte, y podré llevarlo todo. Por favor, no me hagas esto más difícil. Tengo ganas y fuerzas para salir de esto.

-Victor te obligará a formas un vínculo con él. –Su voz era más fuerte que antes.

-Puede intentarlo, pero he estado hablando con el Sr. Cataliades sobre eso, dice que si el primer vínculo de sangre es fuerte, el segundo no lo podrá anular, por lo tanto tenemos que renovar ahora nuestro vínculo. Llegará dentro de diez minutos. –Él no se movió, tuve que acercarme a él. El tiempo corría en nuestra contra. Sé que fue un golpe bajo pero le puse ojos de cachorro y le dije con voz herida. –¿No quieres vincularte conmigo más, Eric? –Eric me miró con desesperación.

-Sookie… no puedo… mis colmillos… -Sabía lo que trataba de decirme. Ya había visto que le habían arrancando los colmillos. Volverían a crecer, pero dentro de mucho tiempo.

-No hay ningún problema, Eric. –Yo tenía el bisturí que había cogido del Set ideal para torturadores. –Acuéstate. –Poco a poco, y dolorosamente, fue estirando las piernas. Le habían obligado a permanecer de rodillas durante dos semanas. Dejó reposar su espalda y entonces me coloqué detrás de él poniendo su cabeza en mi regazo como tantas veces había hecho en mi casa, en BonTemps. Suspiró y cerró los ojos, sentía parte de su tensión. Apreté los dientes y me hice un pequeño corte en la muñeca con el bisturí. La sangre comenzó a brotar, rica en oxígeno, abrió los ojos ante el olor. Mantuve mi muñeca en la boca.
-Abre la boca. –Las gotas comenzaron a recorrer su garganta. Apreté la herida con los dedos, tratando de que saliera más sangre, de nuevo volvió a tomar con avidez la sangre, y cerró lo ojos. Estaba tan cansado.

Cuando llevaba un tiempo bebiendo paró y me lanzó una mirada interrogante. Quería saber si había tomado demasiado.
-Sigue bebiendo. El vínculo tiene que durar mucho tiempo. –Mis ojos mientras hablaban se llenaron de lágrimas. Una cayó en su mejilla. No dijo nada y continuó bebiendo. Lo había entendido. Mi otra mano estaba sobre su cabeza, sentía un rastro de luz, tan solo un vestigio de lo que había sido su gloria. Al cabo del rato comencé a sentirme mareada, retiré mi mano de su boca.
-¿Me la curas, por favor?
Pasó la lengua por el pequeño corte, asegurándose de que su saliva cubriera todo y ayudara a coagular.
-Gracias.

Le miré durante un rato. Ya tenía buen color, soportaría perder sangre.
-Es tu turno. –Le rodeé para ponerme sobre él. Era la forma más fácil de poder beber su sangra, ya que era mucho más alto que yo. Sostuve el bisturí por encima de su pecho y le miré inquisitivamente. Asintió con la cabeza y le hice una pequeña incisión justo por debajo de la tetilla izquierda. Sangre brotaba lentamente, puse mis labios sobre ella y comencé a chupar. Él gimió un poco y sus brazos me rodearon. Dar sangre era casi una experiencia erótica para los vampiros, y la posición que yo tenía encima de Eric era algo más que sugerente. Seguí pegada a la herida fuertemente antes de que se curara, y sentí algo moverse debajo de mí. Era embarazoso, pero a la vez un alivio, significaba que los guardias no le habían hecho mucho daño. Continué bebiendo, tenía que beber mucho más, estaríamos sin vernos mucho tiempo y el vínculo tendría que durar lo máximo posible. Él era consciente de eso y una vez la herida se cerró me hizo volver a abrirla.

Por fin paré. Victor estaría allí en unos minutos y no quería que nos encontrara en una actitud tan comprometida. Mi telepatía me dijo que no había llegado aún, pero sabía que no nos regalaría ningún segundo.

Dejé de beber y traté de incorporarme. Los brazos de Eric me retenían en un abrazo y por un momento pensé que no me dejaría moverme, luego suspiró y me soltó. Me senté, coloqué mi ropa adecuadamente y ayudé a Eric a sentarse.
Tenía un último intento para convencerlo.

-Cariño, solo tenemos unos minutos. Por favor, prométeme que autorizaras nuestro divorcio y que te exiliarás. Si no, todo lo hecho no servirá para nada, no puedo perderte, prefiero saber que estás vivo en otra parte, aunque no estemos juntos, al menos volvemos a estar vinculados. Siempre seré tuya, pero es la única manera de salvarte.
-No puedo permitir ese sacrificio. –Hablaba en voz baja pero firme.
-Eric ¿cuántas veces te has sacrificado por mí? He perdido la cuenta de cuantas veces has saltado para protegerme. Incluso me diste tu sangre después de haber estado encadenado con plata, y la necesitabas para curarte. Déjame hacer esto por ti. –Sentí vampiros en la pasarela. –Viene. –Me agarré al brazo de Eric con urgencia. –Eric, por favor, ¡prométemelo ahora! ¡Queda tiempo! ¡Por favor, cariño!

Me miró con sus ilegibles ojos azules. Entonces, asintió. Suspiré aliviada. Me puse de pie y Eric habló.
-Ayúdame a levantarme. –Pensaba que él estaría mejor sentado. –Tengo que hacerlo. –Entendí lo que quería decirme y le ayudé a ponerse de pie. Se tambaleó un poco, pero luego se estabilizó. Era bueno verlo de nuevo de pie, a pesar de que pensé que era una actitud extraña esa de no sentarse delante de un enemigo, y sí poder quedarse desnudo. De todos modos no yo no era ni vikingo ni vampiro. Me apretaba la mano a medida que íbamos girándonos hacia la puerta. La puerta se abrió y dio paso a Victor, seguido de dos vampiros.
-Se acabó el tiempo. –Me miró.
-Bien, Sra. Northman, ¿ha tomado una decisión? –No me hizo falta el vínculo de sangre para notar la sorpresa de Eric cuando Victor utilizó mi nombre de casada. Me miró con pesar, sus ojos reflejaron el pesar de que yo hubiera reconocido nuestro matrimonio cuando estaba a punto de divorciarnos. Le sonreí y me giré hacia Victor. Esto iba a comenzar y lo único que había era una Sookie atemorizada llevando la delantera.
-Sí, Sr. Madden. Estoy segura de que se han cumplido todas las instrucciones que le di esta tarde, y ahora estoy dispuesta a hacer negociaciones sobre mi posible trabajo para el rey de Nevada y Louisiana. –Dije con seguridad haciendo hincapié en la palabra posible.
-Excelente, su majestad estará encantado. –Sonrió. Luego miró a Eric, que era una enorme presencia silenciosa a mi lado, y se adentró aún más en la celda, junto con sus secuaces, y siempre teniendo cuidado de permanecer lejos del alcance de los brazos de Eric.

-Sr. Northman. –Era el hombre más formal del mundo. -¿Está preparado para dar el consentimiento para disolver el matrimonio con esta señora?

Eric inclinó la cabeza. –Lo estoy. –Su voz era sin duda más fuerte ahora, sin duda se estaba curando.
-Y, usted, Sra. Northman, ¿Está dispuesta a disolver el matrimonio con este caballero?
-Lo estoy. –Me gustó la firmeza de mi voz.

Victor pareció aliviado, y señaló a los dos vampiros. –Estos señores han preparado los documentos formales de la disolución que deberán firmar. –Nos dieron una copia a cada uno, yo no tenía ninguna experiencia sobre aquellos documentos, por lo que añadí.
-Quiero que mi abogado los revise, por favor, llámenlo.

El Sr. Cataliades entró en la celda y le echó un vistazo a los documentos.
-Es tan solo una disolución formal del matrimonio. No hay ninguna sorpresa. –Y los devolvió.
Los documentos los colocaron sobre la mesa, a lado de donde Eric había colocado su copia después de echarle un vistazo.
Victor me ofreció un pluma muy cara, de oro y rubíes.
-Las damas primero. –Sonrió. No me sentía como una dama, quería darle un puñetazo en la cara, pero en vez de eso me incliné y firmé en el lugar indicado. Era la primera vez que firmaba como Sookie Northman, era extraño.
-Ahora, usted, Sr. Northman. –Eric cogió la pluma y firmó silenciosamente la copia. Ya estaba hecho. Ya no estábamos casados y ya no estaba protegida. Eric le pasó el papel al abogado, y luego examinó de cerca la pluma de Victor.

Miró a Victor. –Bonita pluma ¿Mont Blanc?
Victor se hinchó de orgullo. –Es una edición limitada Mystery Masterpiece, de Mont Blanc y Van Cleef&Arpells joyeros. Contiene más de 200 rubíes y diamantes, solo hay tres en el mundo, y me costó seiscientos treinta mil dólares. –Pronunció cada palabra con suma delicadeza y jadeo en el precio. Eric asintió.
-Muy bonita. –Y se la devolvió. Victor fue a cogerla, pero de alguna manera la pluma se escurrió de los dedos de Eric y fue a parar al suelo. Victor chasqueó la lengua fastidiado y se agachó a recogerla, para su mala suerte el pie de Eric llegó antes.

Victor se enderezó desconcertado, y Eric, mirándolo fijamente, fue cambiando su peso de pie. Aquel objeto tan caro crujió. Eric dio un paso hacia atrás, y fue evidente que una pluma de de tres cuartos de millón de dólares no pudo con un vampiro de noventa y siete kilos. Todo quedó en silencio unos cinco segundos, luego, sin apartar la mirada de la cara horrorizada de Victor, Eric habló.
-¡Oops!
Los ojos de Victor estaban a punto de salir de su órbita cuando cayó de rodillas para recoger los brillantes escombros. Con manos temblorosas trataba de encajar algunas piezas de nuevo, pero Eric había hecho un buen trabajo y aquello era una tarea imposible. Victor miró a Eric, temblando de rabia, y extendió sus colmillos.

-Pagará por esto, Sr. Northman, ¡esto es vandalismo!
-Soy un vikingo, no un vándalo. –Dijo Eric con desprecio. –Los vándalos fueron una tribu germánica del siglo V, tu geografía es tan pobre como tu historia.

Di un grito ahogado. Parecía que quería provocar deliberadamente a Victor. Y tuvo éxito. La cara de Victor se puso demoniaca, sus manos se convirtieron en garras y gritó.
-¡Me has costado tres cuartos de millón! –Y se lanzó directamente a Eric. Grité de terror, pero el brazo izquierdo de Eric se extendió antes de que yo me diera cuenta.

Hubo un grito ahogado, y luego Victor quedó colgando un palmo del suelo, la mano de Eric se había cerrado como una tenaza a su garganta. Arañó con desesperación los dedos de Eric, pero no ocurrió nada. Sus piernas daban patadas, pero con el mismo resultado de si un niño de tres años le diera patadas a un árbol. Sus ojos saltones me buscaban. -¡Párele! –Se las arregló para gorgotear.
-No sé cómo.
Los dos vampiros se miraron y uno de ellos avanzó hacia delante, aunque se detuvo tras el gruñido de Eric.

-Un paso más y le arranco el cuello. –Le miré asombrada, estaba herido, muerto de hambre, le habían golpeado hasta el agotamiento, y aún así seguía siendo más fuerte que Victor. Cubierto de sangre, desnudo y con aquel semblante en el rostro, de repente lo vi como un vikingo furioso de hacía siglos. El traje, el móvil y el ordenador solo eran apariencia, nada que ver tras mil años de barbarie. La expresión de su rostro era sombría mientras hablaba con un prisionero aterrorizado.

-¡Dice que le he costado tres cuarto de millón! ¡Tú me has costado a mi esposa Madden! Voy a arrancarte la cabeza. -¡Ay, no! Di un paso adelante y puse mi mano sobre su brazo.
-Será mejor que le bajes, cariño. –Dije suavemente. –Todavía le necesitamos. –Su expresión cambió. Vaciló durante unos momentos pero luego tras recobrar el control soltó a Victor, que cayó al suelo y se quedó allí unos minutos. Sus pies le temblaban, y las marcas de los dedos de Eric en la garganta aún se podían ver.

-¡Eso es, Northman! ¡Es hombre muerto! ¡No pediré clemencia para usted si se va a la mierda! Me da lo mismo si el rey quiere a esta perra, ¡ya no hay acuerdo!

El Sr. Cataliades tosió. -¿No es una decisión de su majestad?

-¡Hará lo que yo diga! ¡Siempre lo hace! Es demasiado holgazán para hacer las cosas por sí mismo, y demasiado estúpido para darse cuenta de que soy yo el que manda en el reino. Ese imbécil no podría encontrarse el culo con ambas manos.

De pronto, Victor se calló consciente de las expresiones de asombro de algunos rostros. Incluso se puso más pálido que de costumbre cuando se dio cuenta de que no sólo había insultado a su maestro, lo había hecho delante de tres vampiros, un demonio (que era un abogado muy respetado) y un humano. Ninguno de nosotros le debíamos fidelidad y algunos le odiábamos con toda la razón del mundo. Sospeché que aquello era lo que Eric había buscado con su conducta escandalosa y sus comentarios, me acababa de dar una enorme ventaja sobre Victor en el futuro, y él se había dado la pequeña satisfacción de destruir la imagen que había dado el teniente. Le estaba muy agradecida por haber hecho aquello por mí, aunque me estremecí al pensar en el cómo se había arriesgado. ¿Qué hubiera pasado si Victor no hubiera dicho aquellos comentarios? Nos podría haber costado muy caro.

Victor se calmó y dijo con la mayor dignidad que pudo.
-Debo disculparme. Me temo que he hablado apresuradamente y sin pensar. Naturalmente, continuaré esforzándome para garantizar que todo salga bien en la audiencia de mañana.
Se giró hacia Eric, tratando de que la conversación de nuevo fluyera. Pretendía hacer como si nunca hubiera dicho nada, pero ya era demasiado tarde, todos lo habíamos escuchado.

-Sr. Northman, si su majestad le retira la pena de muerte. ¿Aceptará el exilio permanente de los Estados Unidos de América?

Una vez más Eric inclinó la cabeza. –Lo aceptaré. –Mentalmente suspiré aliviada. Estaría a salvo. Ahora tenía que ser fuerte.

-Muy bien. Si su majestad está de acuerdo tendrá que firmar un contrato aceptando las condiciones del exilio. Y ahora ¿nos vamos Srta. Stackhouse? Tenemos asuntos que discutir.
Deliberadamente volvió a usar mi apellido de soltera, con la esperanza de provocar a Eric, aunque éste se mantuvo en calma. El pequeño altercado de violencia parecía haberle devuelto el control. Todo lo que se podía ver en sus ojos era resignación. Él me había dado todo lo que le había pedido, ahora me tocaba a mí darle lo que podía.

-Sr. Madden, ya le dije que prefiero utilizar mi apellido de casada.
-Pero ya no está casada, Srta. Stackhouse. –Estaba recuperando la compostura de nuevo y se burlaba deliberadamente de Eric. El Sr. Cataliades comenzó a toser.
-En realidad, la ley humana y vampírica dice que en caso de anulación de matrimonio, la mujer puede seguir usando su apellido de casada, si lo desea.
Victor miró al Sr. Cataliades y no dijo nada.
-Es decir, que ya está decidido, soy Sookie Northman. –Miré a Eric intentado transmitirle que yo siempre sería suya.
-Está bien, está bien. Ahora nos debemos ir. –Dijo Victor enfadado.

Así que esta era la despedida. Me giré hacia Eric y puse las manos en sus hombros, y le miré fijamente a aquellos ojos azules. Sus brazos me rodearon y me cogió. Su boca buscó la mía y nos dimos un beso de despedida, allí en una cámara de tortura manchada de sangre y bajo la irónica mirada de nuestro peor enemigo.

-Vámonos, Sra. Northman. –Su voz denotaba desesperación. Me aferré a Eric con todas mis fuerzas, suavemente me volvió a dejar en el suelo y retrocedió unos pasos.

-Un momento, Sr. Madden. –Estaba buscando en mi bolso. Encontré mi pequeño bote de colonia. –Dame tus manos, Eric. –Las extendió para mí, grandes y fuertes e increíblemente dañadas. Las besé, recordando lo que hacían sobre mi cuerpo durante aquellas noches a la deriva, y luego las rocié con lo poquito que quedaba de Obsession. –Esto es de recuerdo. –Se llevó las manos a su rostro y respiró hondo. Sabía, que con el sentido del olfato de los vampiros, el olor le sería detectable durante días, aunque solo fuera ligeramente.

No sabía cómo podía despedirme con Victor mirando, y privándonos de intimidad, pronto supe qué decir. Le sonreí a Eric y levanté mi mano hacia su mejilla.
-Tills vi möts igen, min make.
Eric me sonrió comprendiéndolo al instante. -Tills vi möts igen, min lilla fru. –Respondió con suavidad. Vi dolor y nostalgia en su rostro, y aquel fue el instante en el que mi corazón se rompió.

Me dirigí hacia la puerta seguida de Victor. Cuando salí de la celda me tambaleé y pude sentir como nuestro vínculo se restablecía en un segundo. Me sentí abrumada con su amor y desesperación. Me di la vuelta y le miré, pude sentir su corazón a través de los ojos, luego la puerta se cerró y nuestro vínculo volvió a desaparecer, Jerry cerró la puerta con llave, aquella separación sería para siempre. Hubo un gran golpe, y la puerta de metal se sacudió, como si algo muy grande la hubiera golpeado, algo como un vampiro de metro noventa y cinco.

Mientras subíamos por la escalera de hormigón Victor, sus abogados, Ramon, Cataliades y yo, mis pensamientos iban a gran velocidad. Cuando pasé por la celda de Eric miré hacia abajo. Estaba de pie, frente a la puerta oliendo el perfume que yo le había dejado. Metí la mano en el bolso en busca de un Kleenex, cuando lo saqué el tapón de la botellita de perfume se cayó al pasillo y rodó hasta golpear el cristal de la celda de Eric. Al instante miró hacia arriba, sabía que estaba allí, lentamente sonrió y beso la punta de sus dedos mientras pronunciaba “min lilla fru”.

De repente estuve un poco más feliz. Eric siempre había usado conmigo palabras en sueco y me había enseñado una o dos. No había ninguna manera de que Victor se hubiera enterado de que al despedirnos yo le hubiera dicho “Hasta pronto, esposo” y él me hubiera contestado “Hasta la vista, esposa”. En lo que a mí respecta Eric y yo perteneceríamos el uno al otro por toda la eternidad, daba igual a donde fuera, y lo que un pedazo de papel dijera. Caminé dejando el tapón dorado detrás. Ya había hecho su trabajo.
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Re: What Happened in Vegas - Fanfic Eric/Sookie

Mensaje por Bell el Dom 25 Sep 2011, 1:26 pm

Hola a todos, soy nueva aquí pero ya llevo unos días leyendoos y hoy no me he podido resistir a apuntarme para deciros que me tenéis enganchadísima con vuestros fics, soys la caña, y a tí Wynne darte las gracias por el trabajo que te estás tomando traduciendo esto, ¡me encanta!!!

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Re: What Happened in Vegas - Fanfic Eric/Sookie

Mensaje por buttercup el Lun 26 Sep 2011, 6:22 am

Me encanta este fic,estoy enganchadísima y deseando seguir leyendo,Wynne,gracias por la traducción!!!
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Re: What Happened in Vegas - Fanfic Eric/Sookie

Mensaje por Cucuruxa el Lun 26 Sep 2011, 8:58 am

Me encanta... Y traduces genial!!! Muchas gracias por ese trabajo tan desinteresado y que hace feliz a tanta gente, jeje.

bsins y gracias de nuevo!!!!

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Re: What Happened in Vegas - Fanfic Eric/Sookie

Mensaje por taniachi el Lun 26 Sep 2011, 10:00 pm

me gusta mucho la historia... ahora si tenemos para entretenernos y asi hacer mas corta la espera.. gracias wynne por tomarte este tiempo para la traduccion
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Re: What Happened in Vegas - Fanfic Eric/Sookie

Mensaje por taniachi el Lun 26 Sep 2011, 11:47 pm

noooo!!! que triste, pobre eric y sookie lo bueno que son cuantos? 21 capitulos! bienn!!! algo tienen que hacer para solucionar esto...
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Re: What Happened in Vegas - Fanfic Eric/Sookie

Mensaje por Ana de Rosario el Mar 27 Sep 2011, 3:26 am

Wynne voy a intentar leerlo en estos días, gracias por traducirlo!
Saludos Vikingas!
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Re: What Happened in Vegas - Fanfic Eric/Sookie

Mensaje por Luka73 el Mar 27 Sep 2011, 8:40 pm

Jolines Wynne, me encanta. Está genial y tenemos muchos, muchos capítulos por delante para entretenernos...pobrecita mía, todo lo que te queda por traducir.

Pero tienes que seguir ¿eh? A mí se me está quedando una mala sangre de ver a Eric en ese estado...¡es que no hace más que sufrir!

Lo dicho, muchas gracias por molestarte en traducirlo, y gracias también al escritor, quien quiera que sea, porque la historia es interesantísima.
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Re: What Happened in Vegas - Fanfic Eric/Sookie

Mensaje por Wynne el Mar 27 Sep 2011, 8:51 pm

No sé si el próximo capítulo lo podré tener para el domingo, llevo desde el domingo malita y mi concentración no está en su mejor momento. Prometo que si me pongo bien para el finde, el sábado por la mañana me doy el atracón de traducción.

Estoy intrigadísima con el fic (me lo estoy leyendo a la vez que lo traduzco), así que no me importa traducirlo Very Happy
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Re: What Happened in Vegas - Fanfic Eric/Sookie

Mensaje por sumomo el Mar 27 Sep 2011, 11:14 pm

ponte buena pronto!!!!

pobre eric con el ojete abierto...cuando lo lei me entro de to por el cuerpo :S
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Re: What Happened in Vegas - Fanfic Eric/Sookie

Mensaje por Luka73 el Miér 28 Sep 2011, 9:13 am

Wynne, recupérate pronto. ¿Qué tienes, gripe o algo así? Pues nada, mucho líquido, algo de miel para suavizar la garganta y un par de días de descanso en la camita con un buen libro. ¡Y cómo nueva!

A mí me rompe el corazón ver sufrir a Eric.

En cambio, si él hace sufrir a Sookie, a mí me da morbo Twisted Evil je, je, je.
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Re: What Happened in Vegas - Fanfic Eric/Sookie

Mensaje por buttercup el Miér 28 Sep 2011, 1:47 pm

Wynne,recupérate y como dice Luka,descansa,que es lo mejor que hay para todos los males,que para fan fics ya habrá tiempo.
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Re: What Happened in Vegas - Fanfic Eric/Sookie

Mensaje por taniachi el Lun 03 Oct 2011, 8:35 pm

todavia nada!!!!


espero que estes bien!!!
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Re: What Happened in Vegas - Fanfic Eric/Sookie

Mensaje por mononoke el Mar 04 Oct 2011, 1:06 pm

Ui..no había entrado en este hilo. Muchísimas gracias Wynne.
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Re: What Happened in Vegas - Fanfic Eric/Sookie

Mensaje por Wynne el Mar 04 Oct 2011, 2:31 pm

¡Qué desastre soy! Está semana estoy un poco liada y me tengo que organizar, a ver si puedo colgar el siguiente este domingo.
Lo siento, lo siento. Pero es que entre que he estado mala una semana y ahora me tengo que poner al día con toda mi vida ¡es un horror!
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